Despiertas temprano en la mañana con mucho sueño, sin aun saber con exactitud cuál es el primer pie que vas a mover, todo es en cámara lenta, como si fueses un viejo engranaje oxidado que necesita aceitarse para ponerse a andar. Tomas un respiro, y cuando pasan 5 minutos te levantas de la orilla de la cama, donde te parece increíble que debas repetir nuevamente la misma rutina: asearse, vestirse, tomar el maletín, trasladarse en el transporte público no sin antes superar una serie de micro retos vinculados con colas, malos olores y otros retos asociados al urbanismo. Cumplida esta etapa te encuentras encerrado en 4 paredes donde lo habitual es rellenar el mismo formulario cientos de veces con las mismas preguntas. La gente no para de llegar, cada uno con las mismas preguntas: ¿me darán el crédito en 1 semana?, yo soy madre soltera, necesito ayuda de uds, puedes darme más plazo para pagar? - yo te puedo conseguir quien te venda dólares!, otras se te insinúan sexualmente, algunos otros te ofrecen dinero, y varios hasta te insultan amenazándote de muerte por si no cedes a sus intenciones. Cada uno con un mundo diferente que te abordan, y lo único que tú deseas es salir de esa maldita rutina, quieres lograr reunir los 5 mil dólares que te faltan para poner en marcha tu emprendimiento de venta de quesillos y así no tener que llenar más nunca en tu vida un formulario. Y la gente, no tener que atender más a esta gente que creen que tú eres tonto, y que a cambio de recibir un chocolate de 2 dólares vas a aprobarles un crédito de $700. Pero esa es la lotería de la vida, sacaste el número ganador para joderte. ------ Esta historia es ficción, no relata nada que me haya ocurrido a mí, no trabajo en ningún banco, ni ninguna institución financiera. Simplemente quise reflejar lo repetitivo y cansón que es el tener que lidiar con ciertos aspectos de la vida que se repiten, cada uno de una forma diferente y en distintos ángulos según sea el reto que cada quien tiene. Y me siento muy triste como veo que la mayoría siguen atados a esas cadenas, haciendo todo el tiempo lo mismo, trabajando en un lugar donde por estar detrás de un escritorio, atendiendo el teléfono en una empresa de una marca reconocido, se sienten como dioses. Pero al empezar a subir las escaleras del barrio donde viven y sentir el olor a marihuana, aterrizan a la única y contundente realidad que les dio su número ganador de la lotería. Digo yo que mejor es pisar tierra y dejarse de vivir de las apariencias.
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Tal cual querido primo..!! Muchas veces lo que visualizamos como un trabajo exitoso, se transforma en una cruel rutina que nos aleja de nuestra felicidad y esa baja frecuencia es la que perjudica nuestra salud, el bienestar y lleva a un total conformismo que cada día destruye nuestro avance... Es bueno entonces, reformular las metas y objetivos para poder hacer un cambio. Es justo y necesario..