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@LuzMB

Historia real, hechos reales de la vida misma, historia de terror. EL LLANTO… Era el año 1982, estábamos de visita en la casa del campo de mi abuela (mamá de mi papá), allí había árboles frutales y de todo… tenía un árbol inmenso de manga, de mango hilacha, otra de mango bocado, en otra área tenía siembras de café, maíz, caña de azúcar, matas de parchita y también animalitos como gallinas, patos (uno estaba loco, era agresivo), pavo real, entre otros… El árbol de manga era tan inmenso que hacia que todo se viera oscuro, sombrío, sus ramas frondosas no permitían pasar casi la luz del sol, por lo que el lugar era frio, en su tronco estaba recostada una gran caja de madera, muy antigua, que si hubiese estado destapada de seguro entrarían cómodamente casi 10 niños, aunque ya estaba desgastada, olía a monte, a humedad y debido a todos los años que estuvo a la intemperie su color era entre verde, gris y marrón. Yo le tenía terror a esa caja… y cómo no tenérselo? si se escuchaban historias tenebrosas de ese lugar. Los vecinos de al frente, entre ellos una abuelita de 86 años a quien le llamaban Abuela María, era una señora pequeñita, tenía catarata en un ojo y el otro iba por el mismo camino, era delgadita, le faltaba una pierna y no tenía ni un solo diente. Ella contaba que los antiguos dueños de la casona eran una pareja, o sea un hombre ya viejo y una muchacha, la cual cuando supo que estaba embarazada del viejito se volvió loca y aborto al bebé en la mata de manga. Se dice que se lo sacó a pedazos, todo desmembrado lo enterró allí y desapareció, nunca más se supo nada de ella… Desde entonces se escuchaba el llanto de un bebé en la mata de manga. Mi tía que estaba al igual que nosotros de visita, le pidió a mi mamá agua bendita, porque dijo que cada vez que pasaba por allí a las 5 am para irse hacer sus diligencias, escuchaba el llanto de un bebé, por lo que iba a rociar con el agua el camino y a la mata de mango para que esa alma en pena se fuera. Al caer la noche, ya a punto de dormir se escucha un llanto de bebé en el cuarto que compartíamos con mi tía, salimos todos corriendo hacia la sala, al parecer mi tía se había traído a la casa al bebé del llanto. Entre nervios y alboroto mi tía les cuenta a los demás lo ocurrido, entonces con una velita en mano, agua bendita en otra comenzamos todos a rezar y caminar por toda la casona para según los mayores sacar al espíritu en pena y que encontrara la luz eterna. Llegó el sábado y le celebrarían con fiesta y todo el cumpleaños a mis primas las morochas, por lo que mi Mamá nos puso hermosos, a mi hermana mayor, a mi hermanito (Q.E.P.D) y a mí, que a pesar de que me faltaban los dientes de adelante y tener sonrisa de vampiro estaba bella . Yo tenía 5 años y me hacían el peinado de Shirley Temple, porque a mí cabello ondulado pues le venía bien… Ya yo estaba lista para la fiesta, había sobrevivido al delicado rocío de perfume que mi mamá me colocó al punto de casi matarme asfixiada y a los halones de pelo para desenredarlo para hacerme los bucles… y me dijo “NO te vayas a ensuciar”. Yo me fui al patio y me senté en la mecedora para “no ensuciarme” y llegaron una banda de muchachit@s, eran como 9, entre ellos estaba una que era la más grande, tenía 14 años, pero parecía de más edad, era alta, morena, ojos negros y acuerpada, se llamaba Jessica… Y desde la reja colonial del patio de la casona me gritaban “niñaaa, niñitaaa, vamos a jugar” y les dije “No, no puedo, no me puedo ensuciar, voy a una fiesta” y me dice “no te vas a ensuciar, solo vamos a buscar unos mangos que nos regaló Don Sergio” … Don Sergio, era el vecino gruñón de al lado, su terreno era 10 veces más grande que el de mi abuela, tenía 3 perros gorilones, o sea, un pastor alemán, un dóberman y un Rottweiler, los 3 eran agresivos porque fueron criados como guardianes… Yo le tenía miedo al último porque ya lo había visto en una la película vieja llamada “La Profecía” donde ese tipo de perro cuidaba al anticristo. Me fui con ellos hacia el árbol de manga donde lloraba antes el bebé, al lado estaba la cerca metálica que separaba las dos propiedades, en la tierra había un hueco y del otro lado estaban los mangos que supuestamente Don Sergio había dado permiso de agarrarlos, pero debía tomarlos alguien pequeñito, o sea… Yo. Entonces entre varios muchachitos halaron la maya metálica y estando yo adentro soltaron la cerca y la Jessica comenzó a zarandearla y a gritar para que los perros escucharan y vinieran a atacar a la intrusa, o sea… a mi! Todos se fueron corriendo y yo al ver que los perros venían como una flecha hacia mí, me senté de nalgas en la tierra, empuje la cerca con desesperación y está se abría y rebotaba volviéndose a cerrar, entonces empujé más fuerte con las piernas, con los brazos y me arrastre de espalda, quedando atrapada con las puntas afiladas de la maya en la barriga que al volver a empujarla con los brazos me aruñó y me sacó sangre. Los perros venían ladrando muy fuerte, hasta se babeaban, yo estaba aterrada, entonces empuje con todas las fuerzas que el miedo me dio y cuando ya estaba casi del otro lado la maya se había enredado en mis risos. Y allí estaba yo, tirada de espalda en la tierra, llorando, dando patadas y halando mi cabello para libérame y no ser devorada por 3 perros furiosos. Cuando de repente llegó mi hermanito (un catire de casi 7 años) y me dice “Cálmate, ya te solté, ahora corre duro sin mirar hacia atrás, porque el pato loco también está suelto”, me agarró de la mano y me sacó disparado de allí en un 2x3. Ya de vuelta en el patio de la casona, mi hermano estaba calladito tratando sin éxito en dejarme presentable… sacudía el barro del vestido, de las medias y de los zapatos y al peinarme alborotó mis risos y se me puso el cabello como un afro y entre más me pasaba la mano más despelucada me dejaba, me limpio las lágrimas y al hacerlo también yo lo que hice fue chorrearme la cara de pantano, lágrimas y sangre… Él, al verme tan destruida, sucia y con el vestido roto se llevó las manos a la cabeza y me dijo “te van a pegar” … Se quedó por un minuto pensando en un plan y me dijo susurrado “vamos a pasar juntos, quédate callada y detrás de mí, que yo le cuento a mamá lo que paso”. En lo que vi a mamá, pues parece que me hubiesen dado cuerda y empecé a llorar y a contarle entre gritos lo ocurrido, mi hermano calladito solo trataba de ser mi escudo y gracias a él, mamá solo me dio un pellizquito de esos que arden todo el día. Jessica, estaba acostumbrada a joderle la vida a todos a su alrededor, cuando sus primitos hacían travesuras su abuelo salía con un cable grueso y le decía a ella que si le llevaba a los niñitos a ella no le pegaría, entonces la diabólica sacaba a los niños hasta de sus casas, debajo de la cama o de donde se escondieran para que el señor les pegara y los muchachitos hasta se orinaban con un solo correazo. En la siguiente semana la Jessica volvió a soltar su maldad, en esa oportunidad la oscuridad de su ser destruyó varias familias, varias vidas y apago a una… EL LLANTO, era de nuevo el protagonista. Jessica mantenía a escondida un romance con un muchacho casado, a quien dejaba entrar a su cuarto por la ventana… Un día el chico entró al cuarto confiado de que el engendro del mal estaba sola, pero resulta que la madre llegó con el hermano de Jessica y lo encontró allí, el escándalo fue horrible, se escuchaban gritos y golpes. El chico sin camisa logró saltar por la ventana, pero el hermano de la Jessica que era altísimo, en pocos pasos alcanzó al muchacho y le enterró en el medio del pecho un cuchillo carnicero, tan grande que parecía un machete, el chico con el impulso que traía corrió un poco más y cayó muerto delante de mí, porque trató de huir cerca de la casona de mi abuela. Enseguida mi mamá hizo maletas y le exigió a mi papá volver a nuestra casa, que regresáramos a la ciudad de inmediato. Durante varios días estuve con pesadillas y no permitía que en casa se hablara ni se hiciera ningún tipo de ruido, porque si lo hacían, comenzaba a llorar temblando como gelatina y hasta fiebre me daba, ya que pensaba que el muchacho del cuchillo entraría y nos apuñalaría… No puedo describir lo que siento ahora después de 40 años, esa imagen no se me borro jamás, la mirada de miedo del chico fue espantosa y la mirada de odio del asesino fue lo más tenebroso y vacío que he visto en mi vida. Desde esa vez Mamá siempre nos ha dicho a mis hermanos y a mí que nunca le tengamos miedo a los fantasmas, porque están muertos y no pueden lastimarnos, que ellos solo necesitan oración, pero que si debíamos tener mucho cuidado con los vivos. Por eso cuando me consigo con un cuerpo sin alma, o sea, con una persona con la mirada oscura desbordante de maldad, fría y sin sentimientos, pues me santiguo y me alejo lo más rápido posible. Un abrazo para todos y bendiciones miles✨

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