Hay regalos y regalos, pero el que nunca olvidaré es el que mis padres me dieron cuando cumplí 16 años. No me enviaron a Bora Bora, tampoco me compraron maquillaje o el cachivache inalcanzable y exclusivo que todos querían tener... ¡Ellos me enviaron a participar en una obra de beneficencia! Acepté más que por gusto por obediencia, porque "no tenía de otra", según mi visión adolescente que piensa que sabe más que los padres porque maneja mejor las redes sociales de un…
