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EL FIN DE AMARNA #Español #Ciudades #Historia #Antropología Estábamos en Egipto, bajo el reinado de Akenatón (Amenofis IV) que estableció la capital en su maravillosa ciudad de Amarna dedicada al sol (Atón) (https://noise.cash/post/l69nqvq0). Sus intentos de alianza con los hititas, su cambio de centro político, y sobre todo, su ‘democratización’ de la fe arrebatándola del control de la élite de Amón pudo provocar la muerte de Akenaton en extrañas circunstancias. Dado que sus hijas no eran consideradas como descendencia divina (por ser mujeres), su esposa Nefertiti vio venir el asunto: sabía que como ‘depositaria’ de la divinidad, la obligarían a casarse y a legitimar a algún miembro del culto a Amón. Nefertiti, siguiendo las ideas de su difunto esposo, envió un mensaje al rey Hitita. Le ofrecía casarse con el príncipe para convertirlo en futuro faraón. Mantendría en culto a Atón, establecería la paz entre Hititas y egipcios y juntos formarían un gran imperio desde el Nilo al Tigris. Fíjense en el detalle: Nefertiti era depositaria de la divinidad, era reina, madre de faraones. Pero nunca podría transmitir la divinidad. Necesitaba un hombre a su lado que la legitimara. El hombre que fuese, pero ella sola no podía ser faraona, ni tampoco sus hijas. Cosa distinta hubiera sido si fuese un hombre o si tuviese hijos. ¿Ven la diferencia? Ya en Egipto, la mujer es depositaria de la realeza, pero no transmisora. Es un receptáculo, no una fuente (en todos los sentidos). El Rey Hitita aceptó la propuesta de Nefertiti y envió al príncipe a casarse con ella. Pero el culto a Amón (con la colaboración del general Horemeb) habían interceptado el mensaje y urdido un plan: asesinaron al príncipe Hitita, cuando el pobre cándido pensaba que iba a casarse con la bellísima Nefertiti. El rey Hitita lo interpretó como una trampa, una traición, y furioso aumentó las hostilidades contra Egipto. Ese fue el final del proyecto político-religioso de Akenatón. El general Horemeb, por sus éxitos en la guerra contra los hititas, fue reconocido como descendiente de Horus y proclamado faraón. Akenatón fue ‘borrado de la historia’ y también Nefertiti. La capital regresó a Tebas, y la ciudad de Amarna fue abandonada. El culto a Amón fue restaurado y se persiguió a cualquier seguidor de Atón. De hecho, el culto a Amón tuteló a las hijas de Akenatón. Por su puesto que les cambió el nombre. Por ejemplo, Anjesepatón (hija de Atón) pasó a ser nombrada Anjesenamón (hija de Amón). ¿Les suena la bella Patricia Velasquez en la Momia ‘Anck-Su-Namún’? (https://noise.cash/post/153087kg). Anjesenamón se casó con su (probablemente) hermano ilegítimo, que se convirtió en un faraón muy joven, tutelado y manipulado por la élite de Amón, el joven Tutankatón, hijo ilegítimo de Akenatón, que pasó a ser nombrado como Tutankamón. ¿A que este sí que les suena? Como les prometí, las intrigas políticas, los cultos religiosos y la consideración machista de las mujeres pudo provocar la desaparición y el abandono de numerosas ciudades en la historia. Algunas de ellas, como Amarna, tan maravillosas que hubieran transformado toda la sociedad y el curso de la historia. Como tantas otras ciudades, la excepcional Amarna pudo ser eterna, pero solo duro unos pocos años. @Loucy

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