LA FAUNA EN LA CASA DE FERMINA Y JUVENAL #EnEspañol #DeCalidad #Dinámica #EscribamosConElGabo Fermina Daza […] hubiera terminado por perder las esperanzas de ver otra vez un animal en la casa, de no haber sido porque... pocos días después, mientras se abstraía con su lectura habitual de la crónica del corazón, escuchó unos maullidos quejosos que venían del exterior. Se imaginó a un gatito, tal vez recién nacido y abandonado por su madre, solicitando la ayuda de un alma compasiva que le regalase la oportunidad de sobrevivir a aquella fría noche. Un caso semejante bien podría constituir una formidable excepción al arreglo alcanzado con su esposo. Pero al abrir la puerta, no llegó a vislumbrar al felino. De hecho, los maullidos cesaron, tal vez amedrentados por la luz del interior del hogar que se extendía a través de la puerta abierta e iluminaba el patio. Allí no había nadie… o eso pensó Fermina. Al tratar de cerrar la puerta y volver al interior, una bota negra revestida con una punta de acero se interpuso entre la puerta y la jamba, impidiendo a Fermina asegurar su vivienda. De un empujón, la mujer cayó al suelo, y un fornido individuo con aspecto de arrastrar la tormenta tras de sí, se introdujo por la fuerza profanando el santuario habitacional de la familia Urbino. Que aquel hecho nada bueno presagiaba se confirmó cuando el intruso comenzó a golpear a Fermina, propinándole algunos puntapiés acompañados de gritos exigiendo joyas, dinero o cualquier otra cosa de valor. La tremenda violencia de aquella entrada captó la atención de Juvenal, que se apresuró a intervenir sin percatarse de que aquel brutal invasor portaba en su mano una pistola de gran calibre. El forcejeo duró poco. Casi al mismo tiempo en que Juvenal saltó y se enzarzó en un complicado forcejeo, enmarañado de torsiones y abrazos por el suelo, Fermina observó el destelló de un relámpago ígneo que iluminaba la entrada, seguido casi al instante del atronador sonido de un .54 rugiendo. Era el primer y único rayo, con su respectivo trueno, de una tormenta presagiada. Temiendo lo peor, Fermina entró en pánico y se levantó con histerismo ignorando el dolor de sus magulladuras. Pero con gran alivio recuperó su condición doliente al comprobar que Juvenal se incorporaba temblando por el susto, pero perfectamente ileso, liberándose de los abrazos de un cuerpo sangrante que yacía en el suelo, muerto por su propia mano. Y en efecto, esa fue la última vez que un animal entró en aquella casa. @Loucy
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4 comments
Por un momento me hiciste dudar. Genial el matrimonio Urbino apócrifo. Magistral.
Este si que es un final inesperado para está historia. Debo decir que tuviste mis necios colgando de un hilo desde que pusiste que un tercero había aparecido, aunque algo me hizo sospechar que todo era una trampa (lo del maullido). Es algo bueno que salvo por heridas y el trauma de la situación, ambos salieron ilesos de lo sucedido. Nos estaremos leyendo.
Que dura esa pelea entre Juvenal y el violento intruso. Creo que con ésta situación vivida, difícilmente Fermina abogará por la entrada de otro animal. Excelente estimada @Loucy muy agradecido con su participación.
Apreciada amiga Loucy. Agradable tu escrito. Un excelente resultado, pocas veces visto, casi siempre es al contrario. Pero me agradó saber que ese animal maleante dejara de causar daño a esa familia. Felicitaciones por obtener tantos votos.