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1529. EL CÓNCLAVE DE VENECIA: La aventura comienza #Español #JuegoDeRol #Vampiros #HistoriaColectiva #Dinámica Tras varias semanas de viaje llegamos por fin a Venecia. Ocultos por el manto de la noche, navegamos en silencio por los canales hasta entrar al Palacio de la Seda. Dejamos atrás la entrada principal y nos aproximamos a una pared de adoquines que contrastaba con la magnificencia de los ricos mármoles del palacio. Allí, un vampiro con aspecto amenazador, portando el emblema del Dux, nos aguardaba en silencio. Cuando unas cuantas criaturas de la noche nos reunimos frente a él, se giró y comenzó a palpar los adoquines. Al presionar uno de ellos, se abrió una hendidura que dejaba ver unas escaleras, levemente iluminadas por candiles, que bajaban por debajo del nivel de las aguas. Con un gesto, nos invitó a seguir. Bajamos por las escaleras escuchando cómo el falso muro se cerraba a nuestras espaldas. Las escaleras daban a un pasillo. Al final de él se intuía una luz y se escuchaban murmullos. En efecto, aquel pasillo desembocaba en la sala de recepciones del Dux. Cientos de vampiros de todo el mundo esperaban allí junto con los líderes de sus reinos. Como es ley entre vampiros, nos presentamos al Dux para pedirle permiso para hospedarnos (y para cazar) en su reino. — Sed bienvenidos y bienvenidas. Tenéis mis parabienes. Y ahora, relajaos. Aún esperamos a los descendientes de Vlad. El lugar era espectacular. Un enorme salón lleno de ricos adornos, mármoles y pinturas. Media docena de humanos, mancebos y doncellas sometidos a la voluntad del Dux, deambulaban atendiendo a los visitantes, ofreciéndoles sus cuellos y sus muñecas como fuente de un aperitivo bebedizo. Para quienes no quisiesen manchar sus ropajes de sangre, algunos portaban bandejas con copas de cristal llenas del preciado líquido rojo, fuente de la vida. Fue entonces cuando llegó apresuradamente un emisario de los descendientes de Vlad con una carta sellada que entregó al Dux. Al parecer, debido a un encuentro con la Inquisición, los descendientes de Vlad no llegarían a tiempo al cónclave, de modo que habían otorgado plena potestad al emisario para negociar en su nombre. Los líderes de los distintos reinos vampíricos se juntaron en un pequeño grupo privado con el emisario. Tras una breve discusión parecieron llegar a algún acuerdo. — Hermanos y hermanas de la noche. Las negociaciones van a dar comienzo. Por favor, mientras tanto, disfruten de mi hospitalidad — dijo el Dux. Los líderes y el emisario se retiraron a una sala privada cerrada con llave. No saldrían de allí hasta alcanzar un acuerdo. La velada resultó muy agradable, charlando y conociendo a vampiros de todo el mundo mientras bebimos el embriagador líquido rojo de las copas, o directamente de los cuellos y muñecas de la servidumbre humana. Perdimos la noción del tiempo hasta que de pronto, varios roedores comenzaron a salir de entre las paredes tratando de huir del lugar. Una vampira #animaliae advirtió con nerviosismo: —Hermanas de la noche, algo no va bien. Un olor a quemado comenzó a extenderse por el salón. El humo empezó a filtrarse por debajo de la puerta de la sala privada en la que se reunían los sires de los vampiros y el emisario de los descendientes de Vlad. Un #cruciatus que no había probado ni un trago de sangre, golpeó con fuerza la puerta que no cedió. Pero coordinó un segundo intento con una #iuvenatis y entre los dos lograron tirarla abajo. Una llamarada salió de la habitación. En su interior el espectáculo era espeluznante. ¡Todos los líderes de los vampiros habían sido decapitados! Una estantería de una biblioteca había sido desplazada de lugar dejando a la vista un pasadizo. ¡Pero toda la estancia estaba en llamas que amenazaban con extenderse por todo el palacio! No había ni rastro del emisario. En la iglesia de San Marcos sonó seis veces la campana. Estaba a punto de amanecer… ¿Nos habían traicionado los descendientes de Vlad? ¿Y si el emisario era un infiltrado de la Inquisición? O peor aún ¡de la orden de los magos y brujas! ¿Debíamos perseguir al emisario entre las llamas? ¿O aún estábamos a tiempo de sofocarlas? ¿Tal vez debíamos huir del lugar antes de que amaneciese y buscar refugio hasta la noche siguiente? Las dudas surgieron entre los asistentes, que, pese al pánico, sabíamos que debíamos actuar con rapidez. Pero, ¿qué hacer? PD: Díganos qué harían ustedes en comentarios o qué otra salida se les ocurre. Si la fortuna les favorece, podrán tomar el control y continuar la historia…

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