Nuestro YO. Desde que nacemos comenzamos a labrarnos nuestro Yo. Nuestra personalidad la forman los rasgos que nos distinguen de las demás individuos. En este proceso influyen factores del mundo externo y nuestra propia conciencia. La familia es el primer punto de referencia para la formación del Yo. En la infancia tenemos la protección y orientación del núcleo familiar. En el desarrollo infantil es importante el grado de independencia que nos otorga la familia en cada etapa, para la construcción de nuestra personalidad. Ni la sobre protección, ni el abandono son patrones saludables para nuestro crecimiento personal. Luego, sin relajar el rol de la familia, aparece el entorno escolar. La escuela nos pertrecha de conocimientos, que nos permiten encontrar respuestas a disímiles interrogantes que nos plantea el camino de formación de nuestra identidad. Cuando llegamos a la adolescencia y la juventud más temprana, el entorno social es fundamental en la formación del Yo. En esta etapa la influencia del grupo (amigos, compañeros de estudio o trabajo, vecinos) tiene un gran peso. Imitar los patrones que siguen nuestros contemporáneos, nos permite ser aceptados por la mayoría. Nos atrapan la modas, la música, los deportes, aparecen las adicciones: cuestiones estas que pueden crearnos un Yo dependiente. Lo correcto es defender el Yo dentro del grupo, para que sin excluirnos, podamos mantener nuestras características identitaria. Nunca dudes de ser tu mismo.
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Muy bueno amigo me gustó, así es somos seres únicos con diferentes gustos personalidades imagínate que todos seamos iguales, sería un mundo de caos, por eso cada ser lleva consigo su propia esencia, ser nosotros mismos con nuestras virtudes y defectos, debemos valorarnos y amarnos tal como somos, así nos tiren piedras ,ser nosotros mismo, dicen por ahí que la tarea difícil es conocerse a sí mismos y conocer vuestros límites.