Yo, el inmigrante 3 La primera noche en Madrid estaba sorprendido con todo lo que veía. Todo era tan diferente e iluminado, parecía una eterna fiesta. Note, eso si, los altos niveles de consumo. Al ser una ciudad turística supongo que es normal que la gente despilfarre enormes cantidades de dinero en tonterías como caramelos a base de marihuana y cosas así. Sucedió que al llegar a la habitación del hotel me atrapo el insomnio. Cerraba los ojos y era como si en mi mente se hubiese quedado la imagen fija de mis padres y mi esposa diciéndome adiós en el aeropuerto , anegados en lagrimas y aterrados de no saber exactamente si lo que esta haciendo tendría un buen desenlace. Sali del hotel y me metí a un bar, mas que por beber, lo hice para conocer un poco o conversar con alguien. A veces uno esta tanto tiempo diciéndose las cosas a uno mismo que piensa en compartirlo con alguien mas y oír su opinión. Uno cree que quiza una tercera persona tenga las respuestas que por alguna razón aun no has encontrado. Pedí una cerveza y comencé a conversar con el encargado del bar. Me comento que su esposa era inmigrante, que la había acompañado en su proceso. Me dijo que no comprendía por que nos dificultaban las cosas si en buena medida España se sostenía por el trabajo que prestábamos los latinos. Me dio su numero de teléfono y me dijo que le escribiera cuando llegase a donde me quedaría. Que quiza podía ayudarme. No me pareció un mal sujeto, de hecho sentí que era bastante amable. Pasaron los días y este señor finalmente me escribe. Me pregunta como estoy. Me dice que le facilite un numero de cuenta, que según le vaya cada mes puede ayudarme con algo de dinero para el arriendo. Todo me parece muy extraño y le digo que solo deseo conseguir un empleo, que valoro su ayuda pero no puedo aceptarla pues me apena muchísimo. Entonces me suelta una bomba atómica. Me dice que para el seria un placer ayudarme, porque quedo completamente encantado conmigo. Por aquello de la cultura, ingenuamente, seguí pensando que solo era amable, luego empezó a preguntarme si de alguna manera el me había parecido agradable y que si tenia preferencias por las mujeres o los hombre. Finalmente me pidió una foto. Fue decepcionante darme cuenta de que todo tiene un precio. De que todo tiene una segunda intención. Bloquee su numero, pero aprendí que hay que analizar bien las condiciones en las que algunas personas deciden prestarte ayuda.
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