¿EXISTE EL AMOR ETERNO? José Iranzo vivió en un pueblo minero. Se quedó sin padre y sin hermanos cuando tenía dos años por culpa de una epidemia de gripe y vivió solo con su madre, que lo dejaba de niño en un pajar junto a una cabra y un gato mientras se iba a trabajar. Terminó cuidando cabras, pero tenía una hermosa voz, con mucho ritmo. Se pasaba los días cantando, tanto en el campo, como en el pueblo. Un día, se dio cuenta que una hermosa joven siempre salía a su ventana cuando él pasaba y lo escuchaba cantar sin dejar de verlo con ojos de fuego. Se enamoró, pero decía que ella era muy guapa, elegante y educada y él se tenía por feote y bruto. Siempre se quedaba con las ganas de decirle que le gustaba, hasta que un día le compuso una canción: "Asómate a la ventana Pascuala de mis amores, para ver salir el sol en tus ojos y ahogarme en el calor de tu mirada". Aunque Pascuala tenía novio, las canciones que le dedicaba José la conmovían y muchas veces suspendió reuniones con su pretendiente para escucharlo cantar y lanzarle flores desde la ventana. A los pocos meses, José tuvo que irse del pueblo para cumplir servicio militar, donde enseguida lo enviarían al frente de batalla, pero no lo hizo sin antes confesarle su amor a Pascuala. Si iba a morir en la guerra, no se iría sin decirle a su amada lo que sentía, lo mejor fue saberse correspondido y haber recibido como despedida, y como juramento de que volvería, su primer beso. Eso lo ayudó a soportar el difícil tiempo en la milicia. Por las noches la recordaba, cantando sobre ella, y sobre el gran amor que sentía, en la cantina, junto a sus compañeros. Un Teniente se conmovió por sus versos cargados de cariño y melancolía y lo llevó con el General. En pocos días, José se convirtió en la estrella musical del regimiento y ganó algunas buenas monedas por entretener al alto mando. Al regresar de la guerra con los bolsillos llenos, se casó con Pascuala, pero además se animó a ir a la escuela de canto motivado por el General, quien llegó a pagarle un par de meses de clases para convencerlo. Grabó un disco que llegó a ser exitoso en su tierra, aunque no dejó de cuidar sus cabras. Su corta fama musical lo ayudó a darle la vida que su amada merecía, pero no lo alejó de su campo, ni de sus fieles animales, mucho menos, de su amada Pascuala. Sus versos amorosos siempre fueron, en exclusiva, para la mujer que amaba. José y Pascuala superaron los cien años de vida, ambos viviendo juntos y entre cabras, y llegaron a tener casi 80 años de casado antes de que se reunieran en el cielo. Partió junto a ella de este mundo, mientras sus nietos y bisnietos hacían sonar los temas que lo volvieron una leyenda, todos escritos para su Pascuala. Una historia de amor para toda la eternidad. (Relato) #Español
No comments yet