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@ElTucuGardella

Joined 13 July 2021 · 3 posts

Anarcocapitalista, Trulalero, Batman Fan, Hincha de Ferro y desde hace poco: ¡BitcoinCasher! (este término me lo acabo de inventar :P)

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@ElTucuGardella

En busca del bien común El hombre actúa buscando satisfacer sus propias necesidades y deseos. En ese proceso de acción descubre que interactuar con otros seres humanos le resulta beneficioso. Es por esa razón que desde el comienzo de nuestra especie, incluso en especies previas a la nuestra, la idea de juntarse entre varios individuos tuvo un gran éxito. Con el paso del tiempo y la conquista de mejores formas de vida, las sociedades humanas fueron tomando fuerza, de manera que, juntas, salieron a la conquista del planeta y aún más allá del mismo, poniendo las estrellas como destino. A pesar de la complejidad de las sociedades a lo largo de la historia, esas sociedades siguen siendo lo que siempre fueron: conjuntos de individuos que buscan satisfacer sus propias necesidades.   **LOS BIENES (1)**   Cuando el hombre actúa, busca satisfacer sus necesidades y deseos. Para ello requiere de ciertos bienes; herramientas que él considera necesarias para realizar las tareas que ese proceso implica.   Por ejemplo: si un hombre tiene hambre (impulso) y sabe que comiendo (necesidad) lo saciará, encontrará en un pedazo de pan un bien útil para tal propósito. Entonces, da comienzo la acción de hacerse del pan y comerlo. De este modo, la necesidad original habrá sido satisfecha. El pan es, en consecuencia, **un bien** para ese individuo. Pero solo para ese individuo, en ese preciso instante, porque inmediatamente después de comer, cuando ya no siente hambre, el otro pedazo de pan que quedó en la bolsa, deja de ser un bien. Podríamos pensar en que dicho individuo sabe que dentro de un determinado lapso, volverá a sentir hambre, por lo tanto volverá a considerar al pan un bien, pero a futuro; por esa razón decidirá guardarlo y no desecharlo. Puede ser que el individuo sea celíaco, y sepa que la ingesta de pan le traerá complicaciones a su salud. Por lo tanto, el pan hecho a base de harina de trigo, no es, ni remotamente, un bien para ese individuo.   Luego de analizar estas sencillas situaciones de ejemplo, podemos llegar a la conclusión de que las cosas no son bienes por sí mismas. Las cosas tienen ciertas características que los individuos distinguen y por lo tanto las convierten en un “bien”. Es decir, **el carácter de “bien” de algo, solo está en la mente racional del individuo.** Para cuatro personas distintas: “el hambriento”, “el que ya comió”, “el previsor” y “el celíaco”, un pedazo de pan puede o no, ser un bien: dependerá de lo que cada uno de ellos considere, y del momento en el que se encuentre. En una sociedad compuesta por esos cuatro personajes, el pan jamás podrá ser un bien común.   Un bien sólo puede ser común si todos los individuos integrantes de una sociedad coinciden en que dicho bien satisface necesidades. Aunque eso solo puede ser una fortuita coincidencia. Podemos pensar que el aire es un bien común para todos los seres humanos, y sabemos, objetivamente, que el aire es necesario para mantenernos con vida. ¿Pero qué pasa si una persona decide acabar con su vida? ¿No deja, automáticamente, de preocuparle si dentro de un rato se acaba el aire?   **LA SALUD COMO BIEN INDIVIDUAL**   En este tiempo de virus, pandemia y cuarentenas, está en boca de todos, un bien muy requerido: la salud. Y estamos tentados en pensar en que la salud es uno de esos raros bienes comunes. Y quizás lo sea, pensándolo objetivamente. Pero si nos volvemos a centrar en el estudio del individuo, vamos a caer en cuenta de que esa supuesta objetividad se ve destrozada por la subjetividad de cada uno.   Para un atleta, el concepto de salud engloba no solo el cuidado de no pescarse un virus por ahí, sino que también considera a la actividad física como una fuente de esa buena salud que él, particularmente, desea alcanzar y mantener. Impedirle realizar sus entrenamientos en nombre del “bien común: salud”, es negarle parte de su salud. Es como quitarle medio pedazo de pan al hambriento u obligar al celíaco a comer pan de trigo. La salud mental es parte importantísima de ese conjunto llamado salud, y no son pocos a los que el encierro les causa un desequilibrio mental que terminará afectando su condición a corto o largo plazo. Y si nos ponemos a pensar en las cuantiosas consecuencias –todas malas– que las decisiones gubernamentales de confinamiento provocaron, y seguirán provocando por mucho tiempo (quiebres, pérdidas, desempleo, paranoia, disolución del tejido social, etc.), nos daremos cuenta de que la salud general de las personas se verá seriamente dañada, llegando incluso a proliferar los casos de suicidio, como ejemplo máximo de desequilibrio mental y anímico.   Las incontables enfermedades y dolencias que los seres humanos padecemos, también son desatendidas al centrar nuestros esfuerzos en tratar de imponer un objetivo común como el de acabar con un virus. Un virus, uno de tantos. Ya sea por causas ajenas al enfermo o por propias decisiones (influidas por el contexto), un enfermo de cáncer, por ejemplo, quizá no se esté atendiendo debidamente, interrumpiendo así el tratamiento que llevaba, y que podría salvarle la vida o al menos extendérsela un poco más. Pero al contrario, esta situación de impedimento, lo que en definitiva logra, es un deterioro de su salud y una aceleración, generalmente indetenible, del desgraciado desenlace final.   En definitiva, haber decretado que “salud” es un “bien común”, pensando en una y solo una enfermedad, ha sido una decisión de una crueldad mayúscula por parte de la mayoría de los gobiernos del mundo.   De nuevo, **si pensamos a la salud como un “objeto” que tiene cierta característica que lo hace “deseable” para todos los seres humanos, podríamos cometer el gravísimo error de etiquetarlo como “bien común” y tomar entonces decisiones erradas para proteger y/o proveer dicho bien a toda la sociedad.** Al atleta no le importa arriesgarse a enfrentar el virus en cuestión, con tal de poder realizar su necesaria actividad física. Al enfermo de cáncer, le preocupa más el hecho de no poder seguir el tratamiento de quimioterapia que la posibilidad, remota o no, de pescarse el famoso virus. Al padre, que desde hace seis meses el darle de comer a sus hijos se volvió un serio problema, enfrentarse a un virus, a cien virus o a todos los monstruos habidos y por haber, no le preocupa en lo más mínimo a la hora de salir a buscar el pan que sus hijos necesitan.   En conclusión: la atención de la salud, como todo, es un bien individual. **Solo las necesidades y la razón de cada individuo, son capaces de determinar en qué momento y lugar el bien “salud” es más importante que otros bienes.**   **EL BIEN COMÚN ES PRIMERO INDIVIDUAL, NUNCA AL REVÉS.**   Hay muchas cosas para hablar sobre la coyuntura, sobre el desastre económico y sanitario que estamos viviendo. Pero quiero que volvamos a las ideas; a lo profundo.   Los gobernantes basan su discurso en la idea de que ellos tienen la misión de garantizar el bien común a la sociedad. Ya sea por ideología y convicciones o por pura demagogia, los políticos establecen una serie de “bienes” que deben ser provistos a la población, ya que los mismos son etiquetados como “comunes”. Pero olvidan, ignoran, o dejan de lado la realidad. La sociedad no es un ente con necesidades que pueden ser descubiertas y atendidas, porque la sociedad no es un ente real, es una abstracción. La sociedad es un conjunto de individuos, todos distintos entre sí, con una cantidad infinita de estímulos que generan necesidades, que a su vez disparan una incontable cantidad de razonamientos para resolverlas, lo que provoca una infinidad de posibles decisiones y finalmente una aún más inmensa cantidad de acciones. ¿Cómo puede una sola persona o un grupo de “sabios” sentados alrededor de una mesa de reuniones conocer ese “multiverso” de variables? Es imposible que esos sabios conozcan los infinitos estímulos que pueden existir tanto en el ámbito donde vive y actúa cada individuo, como dentro del mismo organismo de la persona. Es imposible que sepan cómo cada individuo reacciona ante el estímulo y las necesidades que eventualmente le surjan. Es imposible para los sabios meterse en la mente de cada individuo y comprender el razonamiento que cada uno de ellos lleva adelante para solucionar sus propias necesidades. Y obviamente, en una progresión exponencial, saber la cantidad de decisiones y acciones que podrían efectuar los individuos. No existe en el mundo el ser humano capaz de semejante conocimiento, y el que diga que lo sabe ¡miente! Ya sea por ignorante o por puro mentiroso.   Y llegado el caso de que existiera semejante ser, capaz de contener en su mente toda esa información, hay otro inconveniente: no puede verse el futuro. No sabría si la persona con necesidades actuará de una manera o de otra o, directamente, no actuará. Y si lo supiera, si pudiera ver en el futuro, los ateos deberíamos rever nuestras ideas, ya que ese ser, sin dudas… ¡sería un Dios!   Es entonces que en esa “fatal arrogancia”, el político gobernante establece arbitrariamente que determinado bien, es un bien común. Al mismo tiempo establece que debe ser proveído para todas las personas o para el grupo de personas que lo necesitan. Y aún más arbitrariamente, establece el método de financiamiento que se utilizará para poder proveer dichos bienes comunes. ¿Y cuál es ese método? Uno solo: confiscar las riquezas de la misma población a la que dice querer “ayudar”. El estado no genera riquezas; entonces, para mantener su estructura y financiar sus “misiones benefactoras”, debe conseguir los recursos y lo hace extrayendo por medio de los impuestos y otras tributaciones y cargas, la riqueza que la gente produce. Y no es que solo se le quitan recursos a los ciudadanos mejor posicionados económicamente (cosa que también es injusta), sino que toda la población, absolutamente toda paga, directa o indirectamente, impuestos. La emisión monetaria desmedida, que genera inflación y la toma de deuda externa, son otras fuentes de financiamiento que utiliza el estado, pero que, a la corta o a la larga, termina en mayores cargas para la población. Y en el caso de la deuda, las aventuras de los gobiernos son financiadas con la riqueza de los ciudadanos de otras latitudes.   Entonces, **si para proveer un bien común se debe generar un “mal” a otros o a todos los ciudadanos, ¿qué clase de “bien” es ese? ¿Se alcanza así el bien común?** Como vimos en los ejemplos al principio del texto, todo bien que se pretenda establecer como común puede ser necesitado de distintas maneras por los individuos; puede ser aprovechado de distintas maneras; puede que sea valorado menos que otros bienes, o directamente que no sea ni siquiera valorado.   No existe ningún bien que pueda ser catalogado como común. Si llegara a serlo, como el caso del agua, el aire y algunas cosas más, es una simple casualidad que son bienes comunes a todos los individuos, y puede que para alguno, en algún determinado momento, sean infravalorados frente a otros bienes, debido a otras necesidades o a que las mismas necesidades son afrontadas de distintos modos.   Por más buenas intenciones que existan, tomar decisiones gubernamentales con la idea de proveer el bien común, en mayor o menor medida, ocasionará “males” a algunos o a todos los individuos que componen la sociedad. Y si por buscar el común, se daña el individual, no hay individual, no hay común… y no hay bien.   La libertad individual es el único camino para alcanzar aquellas cosas que le hacen bien a los individuos. Dicha libertad incluye el relacionarse con otros, para intercambiar bienes, para dividirse tareas, para que cada uno, con sus propios intereses y necesidades, alcance su propio bien. Cualquier intervención en ese libre accionar de los individuos, ocasiona distorsiones, daños, y hasta anula por completo la posibilidad de alcanzar el bien individual que, sumado a los bienes individuales de cada una de las demás personas, podría considerarse como bien general. Es entonces que el bien general no se establece; al bien general se llega cuando todos los individuos han alcanzado sus propios bienes individuales.

@ElTucuGardella

El Estado o la Voluntad(*) Todo gira en torno al Estado, al gobierno, a las decisiones de un grupo muy reducido de personas que, con el título de “políticos”, hacen y deshacen nuestras vidas de acuerdo con sus particulares intereses. Da igual las afiliaciones políticas o ideológicas, los métodos (democráticos o de otro tipo), las características (autoritarias o un poco más condescendientes) y las intenciones (buenas o de las otras), siempre son lo mismo: quienes sufren las consecuencias son los individuos que se quedan fuera de esa selección de iluminados líderes y representantes. Y debajo de esa estructura, insoportablemente grande y pesada, queda sepultada y oculta la realidad: la potencia de la voluntad individual y las maravillas del intercambio voluntario. Intercambios, de todo tipo, que no son otra cosa que la sangre misma de aquello que llamamos sociedad. Muchos confunden sociedad con estado, recitando el famoso verso: “El estado somos todos”, siendo que en los pasillos gubernamentales, el canto del monarca absolutista nunca se calló… “El estado soy yo” (1). No representan, no defienden, no arbitran. Simplemente cuidan sus intereses, protegen sus castas violando derechos individuales y juzgan y castigan acorde a oscuras conveniencias. Argumenten como sea que argumenten, “el estado son ellos”, nosotros, los que no entramos a palacio, no somos más que su fuente de riquezas. Tal como las personas que, conectadas y dormidas, alimentan a la “Matrix” (2). El relato palaciego dice una cosa, y todos creen y obedecen, sin darse cuenta que sus mentes y su creatividad, que sus manos y su voluntad están forjando la realidad. No hay “Matrix” posible sin cuerpos generando energía. **Es cuestión de despertar y cortar el cable que une nuestra voluntad, nuestra fuente de energía, a la maquinaria de opresión.** En la mente del individuo habitan los sueños, los proyectos, las ideas e intuiciones de como llevarlos a cabo. En la razón de cada uno están los problemas y las soluciones, los costos del hacer y los beneficios que el hacer puede traer. Y en las manos la fuerza y la habilidad para lograr los soñado y lo planeado. Nada tiene que ver, saber, decidir, hacer, intervenir, regular el monarca. Nada le importa, ni debería importarle. Su palacio se cae a pedazos si el fruto de nuestras manos se queda en nuestras manos, o en las de aquellos a quienes elegimos para intercambiar nuestras riquezas. Todo cuanto hay en este mundo, salvo lo que fue creado por la naturaleza, es obra de las mentes y manos de millones y millones de individuos, por la fuerza de sus propios intereses y voluntades. Absolutamente todo, incluso aquello que se adjudican los moradores del palacio. **No hay ley de papel capaz de crear nada. No hay decreto ni ordenanza que pueda soñar y proyectar. Son solo los hombres, empujados por esa milagrosa fuerza del espíritu emprendedor, los que dominaron el fuego y se lanzaron a conquistar las galaxias.** El momento que nos toca vivir a la humanidad, ha desnudado todas las miserias del estatismo. Algunos lo confirmamos. Muchos lo descubrieron o lo están descubriendo ahora, con la realidad golpeándoles la cara. Pero todavía son demasiados los que aún no se despertaron, que siguen conectados a la “Matrix” y defienden la absurda idea de que esa es la única realidad posible. Todavía no se dieron cuenta que son ellos la fuente de energía, no se dieron cuenta que todo aquello que le dieron o le prometen dar, primero se lo quitaron, con violencia, con amenazas, inculcando culpas, creando sumisión. Me preguntan siempre, qué leer, que estudiar, a quién seguir, para poder abrir los ojos y ver la realidad y así poder despertar de este largo sueño. Yo les contesto que nada en particular. Que simplemente se miren al espejo y que ese que ven en el reflejo es su líder… el que mejor sabe como sacar adelante sus vidas, mejor dicho: el único. Les digo que escarben en sus mentes, porque es allí donde están los libros, las universidades… en sus verdades. Y que duden siempre del poder, pues la melodía que viene de los pasillos lujosos del palacio, son sólo canto de sirenas. No hay que eliminar el estado, derrocar gobiernos violenta o pacíficamente, simplemente hay que dejar de validarlo, de justificarlo… de “usarlo”. *“¿Qué sucedió con los gobiernos?”* se preguntaba un personaje de un cuento (3) de Jorge Luis Borges, y el otro personaje le contestaba *“…fueron cayendo gradualmente en desuso…”.* La prosperidad vendrá de nuestra voluntad, sólo tenemos que despertar y empezar a vernos a nosotros mismos como lo que realmente somos. La revolución es en nuestras mentes, una revolución interior (4)… del espíritu. El mundo que soñamos, que deseamos es posible (5)… ¡Vamos! ¡Empecemos a construirlo!    **Referencias:** (*) Publicado originalmente por Gastón "El Tucu" Gardella en "La Revista John Galt"/"La ventana Rota". Publicado en "El blog del Tucu" (https://elblogdeltucu.blogspot.com/2020/07/el-estado-o-la-voluntad-articulo-para.html) (1) *“El Estado soy yo”* (en francés *“L'État, c'est moi”*) es una frase atribuida a Luis XIV Rey de Francia. (1655 aprox.) (2) “*Matrix*” es una trilogía de películas de ciencia ficción escritas y dirigidas por las hermanas Wachowski, entre 1999 y 2003. Ficha IMDB: www.imdb.com/title/tt0133093 (3) Jorge Luis Borges, *"El libro de arena"* en Obras completas III (Barcelona: Emecé, 1996), p. 55. Fragmento: *“–¿Qué sucedió con los gobiernos? –Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen.”* (4) *“Una revolución interior…”* fragmento de la entrevista al Prof. Jesús Huerta de Soto, en el podcast *“Bailando con lobos”*, (https://youtu.be/qX2BoEHDGCs) (5) Inspirado en el fragmento del discurso de John Galt, en *“La rebelión de Atlas”* de Ayn Rand*: “…El mundo que deseas puede ser ganado, existe, es real y posible; es tuyo."*

@ElTucuGardella

¿Por qué luchar por la Libertad? Primero, antes que nada, porque es lo correcto. Porque sólo hay dos opciones: defender la libertad o atacarla. No hay término medio. La lucha por la libertad engloba todas las demás luchas, porque no hay ámbito de la vida humana en el que, si escarbamos un poco, no encontremos un ataque a la libertad individual. Por esa razón, ya sea que hablemos de cuestiones sociales, culturales, económicas, etcétera, cuando nos encontramos con problemas que pretendemos solucionar, descubrimos que, en mayor o menor medida, la libertad está siendo atacada. Cuesta un poco entenderlo al principio, pero cuesta muchísimo más admitirlo. Una vez entendido el problema, a mucha gente le cuesta admitir que la causa del mismo es que la libertad está siendo vulnerada. Por ignorancia, por prejuicios, por dogmas, por lo que sea, muchas personas siguen dándole la espalda a la raíz de todos esos males que nos aquejan.   **¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de libertad?**   Mucha gente tiende a pensar en la libertad como el poder hacer cualquier cosa que se nos de la gana. Y esa no es exactamente la libertad por la cual debemos luchar. Una persona es libre de, por ejemplo, expresar su opinión sobre algún tema en particular. Si quiere, puede pararse en medio de una plaza pública y proclamar sus opiniones. Lo que impulsa a esa persona a hacer su proclama, lo que la persona está expresando, la forma en la que lo está haciendo y los fines que busca, no deben importarnos. Solo debe importarnos que ninguno de los demás le impidamos a ese individuo llevar adelante esa acción que pretende realizar, y que ese individuo, en el proceso, no vulnere libertades ajenas.   Entonces, la libertad de la que estamos hablando en la ausencia de coacción. Es decir, que nadie impida, por medio de la fuerza, la violencia, o de la amenaza concreta del uso de la misma, el libre accionar de otros individuos, mientras no sean ellos los que estén vulnerando la libertad de otros.   **¿Tiene límites ese libre accionar?** Sí. Uno solo: el libre accionar de los demás. De la simple y única regla de que “nadie debe impedir el libre accionar de otras personas” se desprenden todas las demás “libertades”. Que no sería necesario detallarlas, porque respetando este principio, estarían todas cubiertas. En el ejemplo, dije que nadie puede impedirle a una persona expresar su opinión. Podemos darle una etiqueta a esa particular libertad como “libertad de expresión”, pero, como vemos: si el principio de no coaccionar está siendo respetado, la persona podrá expresarse libremente.   Todos tenemos la libertad de actuar conforme nuestras necesidades y deseos, buscando alcanzar los fines que queremos alcanzar. Nadie puede impedirnos llevar adelante nuestro proceso de acción. Pero nuestra acción no debe, a su vez, impedir el libre accionar de otras personas.   **¿Qué debe hacer un liberal?**   Defender nuestra natural libertad individual y personal, no nos define como liberales. El más tirano de los tiranos lucha por poder actuar libremente conforme sus deseos y buscando alcanzar sus fines. Pero eso, luchar por su propia libertad, no lo hace liberal. **Entonces ¿Qué nos define como liberales?** Ser liberal, en consecuencia, es respetar siempre y en todo lugar la libertad de las demás personas.   Esa persona del ejemplo, que está en medio de la plaza pública con un megáfono, ¿es liberal porque se está expresando libremente? No. No necesariamente. Esa persona que está ejerciendo su derecho, es simplemente una persona libre. Liberales somos nosotros que no le impedimos a él expresarse y procuramos que nadie se lo impida.   Entonces, liberal es aquella persona que respeta y defiende la libertad de su prójimo.   Al principio dije que luchar por la libertad es “lo correcto”, y estás quizás tentado a reclamarme argumentos sólidos, que decir que es lo correcto no es suficiente. Pero, al principio también dije que hay solo dos opciones: o se defiende o se ataca la libertad.   ¿Cuál opción elegís vos?