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Hristo el Búlgaro [El inicio C] Hristo vio salir por una puerta lateral a Nikolay acompañado por un puñado de soldados, iban lento, cargando unos pesados cofres, si su avaricia hubiera sido menor quizás unos pocos hubieran logrado llegar a los caballos antes de que el llegara a sus cuellos!!!, pego un gran salto, y en pocos segundos, la muerte que vio Nikolay hace unos minutos lo alcanzaría sin remedio, luego de acabar con los soldados que lo acompañaba Hristo lo sujetaban por el cuello aprentando con sus garras. -¿Dime donde Estas el viejo Borka, Freya y la niña? y tu muerte sera rápida y sin dolor. -Esto no fue culpa mia Hristo, debes creerme, fue Stefan se volvió loco, yo solo obedecía ordenes!!!. -Ya yo se quien es el culpable, eso no es lo que te he preguntado. -Freya y el viejo Borka Estas en las mazmorras, la niña a salvo en sus habitaciones. -AAAAHHHHH!!!-, los alaridos de dolor de Nikolay retumbaron por todo el castillo, Hristo le habia mentido. Unos minutos después Hristo arrancaba de cuajo las rejas de las mazmorras liberando al viejo Borka y a los pocos soldados y reclutas que sobrevivieron con el, Freya no estaba allí, el viejo maestro de armas condujo a Hristo y a su rubia acompañante que no se separaba de el hasta otra celda que quedaba en un piso inferior, mas lúgubre, podrida y sumida en las sombras, Hristo se apresura romper las cadenas que sujetaban sus brazos, Freya apenas lo reconoce, ya no tenía fuerzas, habia perdido mucha sangre después del parto, sin cuidados y en aquellas condiciones, no habia forma de salvarla. -Un doctor, necesita un doctor!!!-, dijo desesperado el hombre oso. -Ya no tiene salvación en este plano hombre oso, pero ya tu sabes como salvarla, conviértela y dale el regalo de la vida eterna!!!-, dijo la rubia asesina, el viejo Borka no entendía lo que estaba pasando, no habia notado que frente a el ya no estaba mas su aprendiz, su hijo de armas, era ahora un monstruo de la noche. -No puedo, Freya es un ser de Luz, no puedo condenarla a vivir eternamente en las sombras. -¿Convertir?, ¿de que Diablos habla esta mujer Hristo?, ¿que Demonios es ella?-, preguntaba iracundo el viejo Borka. La Vampiresa le mostró sus colmillos al anciano ante la injuria y avanzo sin compasión hacia el, de no haber sido por la rapidez de la mano de Hristo que interpuso la hoja de la espada de acero damasquino entre ambos, quizás el viejo no hubiera salido vivo de aquella mazmorra!!!, calmados los ánimos, Hristo tomo delicadamente con sus brazos el cuerpo de Freya, cerro sus ojos, hizo crecer sus garras a voluntad para atravesarle el corazón , terminado así con su sufrimiento, la mujer se despidió de este mundo sin decir una palabra y sin reconocer a su gran amigo que habia venido a salvarla. El viejo Borka entonces se dio cuenta que Hristo al igual que aquella mujer rubia también era un monstruo, Hristo voló subiendo los escalones que lo separaban del cuarto de la pequeña Sif a grandes zancadas, Mirna iba tras de el sin perderle el paso, el viejo Borka en cambio apenas si se podía mover trato de seguirlos e ir tras ellos en vano, la vida de la pequeña Sif ya solo dependía de Hristo el Búlgaro. Cuando llego a las puertas de la habitación de Sif, estaba abierta, adentro el cuarto estaba sumido en la penumbra, pero Hristo ahora podía ver mejor que un gato en la noche, Stefan estaba escondido detrás de un mueble sosteniendo a Sif con un brazo mientras que con la otra empuñaba su acero. -¿Has venido a matarme?, ¿ y a mi pequeña hija?, maldito Traidor!!!. -He venido a aceptar mis pecados y pagar mis culpas, mi señor, me acosté con tu esposa y le engendre un hijo, esta noche he venido a pagar. -Siempre lo supe desde el primer día que mi padre te trajo a nuestras vidas, querías todo de mi, el cariño de mi padre, mi castillo, mis tierras, mi titulo y por supuesto a mi mujer!!!. -Lo confieso, he venido a rendirme. Hristo arroja su espada lejos, se quita su armadura mostrando su pecho desnudo como blanco, abre sus brazos para facilitarle su ejecución a Stefan, el desquiciado cae en la trampa, coloca a la pequeña Sif en el suelo que no sabe si seguir al lado de su padre o correr hasta su amigo el gigante hombre oso, Mirna no necesita que Hristo se la pida, usando su asombrosa velocidad vuela hasta la niña la toma y la saca rápidamente de la habitación para que Hristo termine lo que ha venido a hacer, Stefan se acerca a Hristo blande su espada y le hace una estocada directo en el corazón, el fino acero de la espada del Sanjaco lo atraviesa, duele como el mismísimo infierno, pero recuerda las palabras de su nuevo amor y señor, sus piernas flaquean y cae de rodillas, Stefan se regodea ante la victoria y hunde la hoja de su espada hasta la empuñadura, Hristo cierra sus ojos mientras escucha la carcajada de un loco que piensa que ya lo ha matado, Stefan no sabía que Hristo ahora era un no muerto, intempestivamente se levanta, tomando a Stefan por el cuello con una mano, mientras extrae su espada con la otra, su sangre fluye a borbotones, necesita sangre, -pero ya te mate!!!-, grita el desquiciado Sanjaco, mientras Hristo hunde sus afilados colmillos en su cuello y extrae la sangre que lo regenere, absorbe la suficiente hasta recuperar sus fuerzas pero se detiene antes de matarlo, quiere que este consciente. -Pobre loco, siempre le fui fiel a tu padre y a ti, nunca le falte a tu esposa ni con el pensamiento, y el niño que arrojaste por esa ventana era tu hijo imbécil!!!, debiera darte el regalo, condenándote a vivir por toda la eternidad en las sombras y para tu mayor desgracia obligado a servirme como un fiel perro, pero esta noche has tenido suerte, aunque ya no pueda caminar bajo la luz del sol, y este condenado a vagar en la oscuridad, Hristo el Búlgaro siempre vengará a sus muertos. -AAAAHHHHH!!!-, el último grito que se escucho aquella madrugada maldita en el castillo del Sanjaco fue el de Stefan al caer desde lo alto hasta estrellarse contra las piedras abajo no muy lejos del sitio donde mato a su propio hijo. Hristo recoge la espada de acero damasquino, afuera Mirna jugaba graciosamente con la niña, aquella pequeña preciosa princesa de rizos dorados como el sol, bien pudiera ser su hija, la única cosa que renegaba de su condición de inmortal, de su raza Vampírica era el impedimento de tener un hijo con su amo y gran amor Vladic, Hristo sale de la habitación y al verla jugar con la niña de no haberla visto destajar soldados a diestra y siniestra la pudo haber confundido con una madre, tomo a la pequeña Sif en brazos y los dos bajaron a toda prisa, el viejo Borka los esperaba abajo en el salón del castillo, no quedaba nadie cerca, todos habia huido de la muerte, el y la niña eran los únicos seres vivos en todo el castillo, Hristo la coloca en sus brazos imposibilitado de cuidarla. -Tienes que marcharte viejo Borka, llévatela lejos, donde no sepan quien es, si no irán a buscarla para convertirla en un títere o la esposa de algún viejo Lord o su hijo para tomar el control del castillo y estas tierras. -Ya estoy muy viejo Hristo, ven con nosotros, me hará falta la ayuda, la pequeña necesitara un padre cuando yo no este. -Pues te tocara hacer un esfuerzo viejo, extender tu vida unos años mas hasta que Sif pueda defenderse sola, se que no tendrás problema en prepararla, y entrenarla para ello, yo ahora no soy dueño de mi, le pertenezco a otro amo, el que me convirtio en monstruo, esta noche me concedió la gracia de venir a ayudarlos, pero debo volver con el. -Esta bien, hasta que el destino nos vuelve a poner uno frente al otro Hristo el Búlgaro. El viejo maestro de armas y el vampiro se estrecharon en un sentido abrazo, antes de que el viejo Borka abandonara el castillo, Hristo le entrega el crucifijo de plata que llevaba guardado en la bota de Emil. -Es para Sif, yo ya no puedo llevarla en mi pecho, has que la niña aprenda a atesorarlo, que la lleve siempre colgada en su cuello, así si alguna oscura noche, el Dios de los mortales, el destino de los hombres, o una orden de mi nuevo amo el señor de las tinieblas, hace que se cruce en mi camino, juro ante todos mis muertos que no la tocaré y haré todo lo que este en mi poder para que salga con vida de ese encuentro. De esta manera da inicio la andadura por los oscuros caminos de la inmortalidad de los no muertos, el vampiro, el hombre oso, Hristo el Búlgaro, que Dios se apiadé de los que se crucen en su camino porque den por seguro que el no lo hará. Inicio. Muchas gracias a TODOS los que me acompañaron con la lectura de princio a fin de este génesis de uno de los vampiros mas fuertes y poderosos de mi BigVERSO... Hristo el Búlgaro.

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