Tendría yo unos 3 o 4 años queriendo visitar esta casita de árbol. ¿Quién no soñó con jugar en alguna en la infancia? Estoy segura que muchos. Una vez arriba dan ganas de quedarse un buen tiempo, eso sí, lejos de la algarabía y el ruido turista que a veces empaña la magia del momento. Sin embargo me lo disfruté, lo contemplé, me aislé y me trasladé a aquellos años infantiles en donde me veía en una. Con esta fotografía que tomé en ese paseo retorno a Noise, esperando toparme…