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El carnicero escuchó un chillido espantoso y desgarrador, apuró el paso porque temía que su hija estuviera en peligro; pero cuando cruzó el umbral, vio hacia la entrada del establecimiento. Miró a su hija intacta pero tiritante y nerviosa, con las mejillas mojadas, sus ojos temblorosos y las manchas de sangre en el suelo. Entonces comprendió que debió explicarle aquélla vez a su hija por qué los perros del otro día estaban pegados. #CuentoBeve #TerrorInstantáneo #LiteraturaDeBolsillo

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