Crónica de la iguana Comía una guayaba en el suelo cuando sentí que el cielo se nubló todo, se ennegreció de repente, y luego sentí que me apretaban por las costillas y entré a otro lugar insólito, era como piel y a la vez caverna, una cavidad que se mecía con el rato, y así fue por otro buen rato, tanto que recuerdo haber dejado de escapar y me quedé quieta, para esperar la primera oportunidad para escapar. Entonces se hizo la luz y creí que sería mi oportunidad, pero nada más falso. Me tenían cautiva y amordazaron mis patas como gesto inmediato y yo no podía más que luchar por salir de ese aprieto gritando sordamente, clamando por ayuda aterrada, pero nada bueno pasaba. Era un sitio lejos de mis árboles, rodeado por animales enormes y de brazos ágiles, que gruñían entre ellos mientras seguían aplastando mi cuerpo sobre un trozo de rama enorme. Y fue cuando sentí con la angustia más grande porque sospechaba que antes de la tormenta siempre sobreviene una calma. Con sus garras suaves y fuertes me giraron panza arriba, tomaron una piedra brillante y delgada y la dejé de mirar cuando sentí que mi barriga era rayada dolorosamente, como si me quemaran con el fuego más siniestro, y mientras la agonía no cesaba, sentía sus dedos dentro de mis entrañas a la vez de que me retorcía entre espantosos espasmos. Grité pero nadie oía. Mas cuando creí que el dolor cesaría se vinieron las punzadas, una a una, como espinas que se entierran y no paran, que se quedan en la piel herida por siempre, perforando mi carne una y otra vez fue cuando supongo, desmayé a causa del dolor. Siento sed, estoy traumatizada, dolorida y desorientada. Mi piel roza el árbol desconocido donde me han dejado, y no deja de dolerme la piel por donde la sangre no deja de escapar. Me estoy sintiendo muy mal, pero ojalá que mis huevos sigan bien. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Relato y fotografía de mi autoría
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