EL MANGO El viaje hacia abajo sólo concluyó cuando su cabeza fue atajada por una de las casi pétreas raíces de aquélla imponente mata de mango, mientras que su espalda era arponeada por una piedra alta, rota y filosa que pudo penetrar, cuanto poco, cuatro dedos debajo de la carne. Las abejas lograban salir de un palacio de cera y celulosa, que quedó atrapado bajo la corporeidad del niño, aguijoneando al atacante inerte, quien tendido en el suelo, aún vivo e inmóvil, sentía cómo éstas junto a las hormigas, quienes también invadían cada parte de su ser con mordidas salvajes, imparables y dolorosas, sin poder siquiera gritar ni agitar sus brazos tras la desesperación de sentir cada aguijón y cada mandíbula minúscula clavándose en su carne, al tiempo que su garganta se cerraba, para siempre, a causa de la intoxicación. #Español
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