¿Crees que las personas deberían ser tratadas de modo menos respetuoso por provenir de lugares distinto al tuyo? Cuidado con la respuesta porque podríamos estar hablando de xenofobia, un fantasma que sigue aterrando a muchos quienes viven en el mundo globalizado de hoy, que mella la paz y el entendimiento entre naciones, que frena las puertas del progreso y de las oportunidades. ¿No piensas que quizás la xenofobia esté erróneamente justificada por matices negativos de nacionalismo, terror a la “invasión” cultural y a la discriminación racial? Te cuento la historia de alguien que pudo haber sido la mía o la de cualquier otro, la historia de un Luis (o José, Pedro, Mariana, Vicente, Isabel, etc.) que cruzó medio mundo para ver el cielo brillar de color distinto, alguien que tomó el vuelo de su vida, el más importante en que el calor tropical moría al entrar al aeropuerto. Imagina el largo instante en la fila para subir al avión que combinó con lágrimas y alegría el rostro mientras pensaba en quienes, quizás, no volvería a ver. Para Luis los días del norte han pasado lento y con nerviosismo desde que llegó, con alegres destellos por los hallazgos, con expectantes encuentros con la nueva realidad, pero esporádicos momentos incómodos por los ojos y los dedos de quienes no están contento con nuestra presencia. Suelen ser palabras que se alegraba no entender en un inicio, pero otras veces eran miradas que no necesitaban traducción, y eran las que no me hacían sentir bienvenido.
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