ODISEA DE UNA ELIPSIS La joya cinematográfica de Kubrick, 2001: A Space Oddysey, (1968), impactó en el público por tratarse de una hermosa mezcla entre la ciencia ficción y la filosofía pura: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? y sus novedosos y geniales efectos especiales manufacturados impresionó a la más ruda audiencia y férrea crítica de la época, ya que se trataba de una obra extensa y suculenta de una búsqueda espacial de respuestas a preguntas realmente existenciales. Además de todos los laureles y halagos recibido, este filme tiene el mérito de tener la elipsis más épica de la historia del cine, ninguna película yuxtapuso una toma que representaba millones de años atrás en el tiempo (cuando los homínidos superiores comenzaban a destacar por el uso de las herramientas) sucedida por otra toma en la que en un hipotético futuro, una nave espacial giraba lentamente en la microgravedad. Las elipsis corrientes unen tomas al eliminar elementos de la historia que no vale la pena contar, como cuando en una toma notamos a alguien subiendo a un bus, y la siguiente lo vemos bajando y de esa manera nos cuentan horas de historia en 20 segundos de metraje fílmico. La obra kubrikiana que referimos en este artículo logró unir millones de años de historia en un solo salto, y de qué manera: ya que un hueso en manos de un primate que lo usaba como herramienta y arma se transforma en el aire en una nave espacial... vaya qué suculenta analogía.
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