Por lo general, recuerdo que los domingos suelen ser aburridos, o al menos un poco más que el resto de los días de la semana. Pero el último día de la semana santa es especialmente lento, caluroso y lerdo. Recuerdo cuando niño caminaba con mis padres por la ciudad y las calles estaban atestadas de soledad y los negocios luciendo sus puertas cerradas. Se trataba de un tiempo muerto, de un silencio laboral y social: no había más que pocos transeúntes en la casa. Y ante el tedio de un domingo más aburrido que de costumbre, la solución parecía ser llegar a casa a ver televisión... y ya adivinarás la calidad y variedad de la TV en la Venezuela de finales de los 80. #Venezuela
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