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No mango No recuerdo haber comprado mangos jamás, y eso es por una razón lógica: siempre viví en sitios donde existían árboles de mango y sus dueños (si es que lo tenían) nos los regalaban, de manera que las variedades edulcoradas de esta noble fruta fue aprovechada por mi persona durante todo este tiempo. En Venezuela es muy común que el vecino regale frutas del árbol que tiene en casa, y así es que fue posible de que nísperos, aguacates, naranjas, limones, parchitas, mandarinas, maíz, frijoles, yuca, toronjas, guayabas, guanábanas, plátanos, cambures (bananas), ciruelas, semeruco (o cerecita), guamas, lechosas (papayas), tomates y otros frutos más fueran posible probarlos sin pagar un céntimo, gracias a la mano desinteresada de un vecino o amigo. Tomando en cuenta todo esto, no sé por qué este vecino colocó en su portón el texto que abajo lees. Me gustaría saber cuál mal rato pasó para que se viera obligado a colocar tan notable comunicado, en un país donde los mangos se barren al podrirse en el piso porque no todos se han comido. ¿Cuál es tu hipótesis?

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