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@yeikogomez

Primos con primas no se arriman En los pueblos aislados geográficamente se suele practicar un tipo de relaciones interpersonales que en los contextos más citadinos cuesta trabajo tolerar y eso es la endogamia. Esto ocurre cuando se establecen parejas estables o relaciones sexuales casuales con personas con quién se comparte parentescos sanguíneos o filiales, es decir, cuando primos y primas (en cualquiera de sus grados) se unen provisional o definitivamente. Por supuesto, existen prácticas endogámicas menos cerradas ya que vinculan a parientes lejanos en grados de consangu inidad, por lo que puede no haber tanto lío si te enamoras de la prima segunda de tu medio hermano, pero el asunto se vuelve delicado cuando la práctica se realiza con personas más afines sanguíneamente. Las monarquías has sido ejemplos de endogámicas agresivas dónde la hemofilia (y otros males) ha sido heredada de una generación a otra, minimizando la diversidad genética que es lo que perjudica la manifestación de buenos fenotipos. El peligro de la endogamia es que aumenta drásticamente las probabilidades de que genes recesivos con enfermedades y deformaciones se iban a los recesivos de la pareja y éstos se conviertan en dominantes y se manifiesten en la próxima generación. Es decir, tú y tu prima podrían tener, por ejemplo, genes recesivos de cáncer de páncreas, pero al ser recesivos no se manifestarán hasta que los unan, y lo mismo sucede con otros gestos heredables como el color de ojos, de piel, talla y otros muchos más. El incesto como la práctica endogámica más abominable tiene un precedente genético más funesto que los propios preceptos morales y religiosos, y es que la cantidad de genes recesivos similares que podrían unirse entre las parejas es groseramente enorme, y es la razón por la que un hijo entre tú y un hermano tendría altísimas posibilidades de sufrir problemas congénitos de salud o de deformaciones.

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