Ya casi no recuerdo cuando en Venezuela los apagones no eran frecuentes, sino que eran eventos raros y que duraban unas pocas horas a lo sumo hasta que se reestablecía la conexión eléctrica. Entonces eran días o noches largas donde todo se paralizaba y el tedio superaba las ganas de ocuparse en algo. Pero ocurrió de que las cosas desmejoraron y hoy día vivimos en un panorama en que la energía eléctrica se interrumpe, nos quedamos a oscuras, y la cosa no trasciende más allá del enojo y de las groserías al aire ya que cualquier queja es inútil, y ni se diga de hacer un reclamo en las oficinas de la compañía, ya que prácticamente, éstas no existen. En Venezuela, la luz eléctrica es casi gratis ya que la tarifa no cubre los puestos de trabajo, así que el coste de mantenimiento lo cubro enteramente el estado a través de impuestos, y la entrada por la poca venta de hidrocarburos y otros métodos que yo ignoro. Te cuento esto porque anoche se cortó la energía eléctrica durante 15 horas debido a la explosión de un transformador en una central cerca de acá, y eso me hizo recordar el épico (no por eso entrañable) apagón nacional que sufrimos en marzo de 2019 y que duró 5 largos, latosos y desesperantes días: 120 horribles horas. Creo que todos quienes vivimos en Venezuela, vivimos con ese temor de que el sistema falle nuevamente y se venga abajo el aparato eléctrico nacional y retornemos al siglo XIX por varios días. Y creo también que los venezolanos que viven afuera del país verán como si fuera casi nada cuando de vez en vez “se va la luz” por unos minutos.
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