Refrescan los ánimos Tras un día abrasador y brillante por partes iguales, el cuerpo no encontraba qué hacer para disipar el calor que profería este martes de agosto: usamos ventiladores, nos refugiamos en las sombras arbóreas y bebimos cuanta agua era posible beber para mantener a raya el sopor tropical. Pero, ya arribamos al final del día y la tarde aplaca su intenso fulgor haciendo que las nubes remonten el firmamento y que choquen lentamente con las montañas de estos dominios, por lo que nos mostramos más que agradecidos por esas brisas nocturnas que comienzan a mitigar las oleadas fogosas de la tarde. Así luce la montaña con su penacho de fresco algodón, y la contemplo con el anhelo inquieto de que la noche entera sea así de bondadosa y que nos permita un final de jornada apacible, y si es posible, acogedora. Espero que tu ciudad esté obsequiándote una hermosa tarde también.
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