Amor y locura. La quise tanto que construí todo un castillo de ideas y fantasías para encerrarla, cuidándola de un enemigo invisible. Llorándole, a menudo quería demostrarle, cuanto le amaba, como si las lágrimas fueran la última sonrisa de nuestro amor. Hoy tengo que partir, y lo difícil no es decirte adiós, lo difícil es no volver.
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