La victoria oculta del intento Vivimos rodeados de metas y líneas de meta. El mundo nos ha condicionado a medir nuestra valía por los títulos que colgamos en la pared, por los "llegué" que gritamos al final del camino. Nos han vendido la idea de que si no se alcanza la cima, la subida no ha servido de nada. Pero hay un error de base en esa lógica: se nos olvida que la vida ocurre en el trayecto, no en el podio. Hoy quiero hablarte del intento. De ese acto casi revolucionario que consiste en dar un paso sin saber si el suelo aguantará. De mirar el abismo y decidir, a pesar del vértigo, tender un puente. El intento es incómodo, porque nos deja desnudos ante la posibilidad del fracaso. Nos expone al ridículo, al juicio ajeno y a la fría mirada de quienes solo entienden de resultados. Sin embargo, hay una victoria secreta que solo el que intenta conoce: la victoria de no haberse rendido al miedo. El que intenta, aunque caiga, ya no es el mismo de antes. Cada intento es una pequeña muerte de la excusa y un renacimiento de la esperanza. El deportista que pierde, pero que entrena al amanecer; el artista que crea sin saber si alguien lo verá; el amante que vuelve a abrir su corazón después de una traición; el padre que intenta una palabra nueva para conectar con su hijo. Todos ellos tienen algo en común: el coraje de habitar la incertidumbre. La sociedad premia al campeón, pero la vida premia al que insiste. Porque en el intento hay una dignidad que el éxito no puede comprar. El éxito es fugaz, es una foto; el intento es una película, es un viaje, es el latido constante del que se niega a paralizarse. No subestimes, pues, el poder de lo que aún no has terminado. Esa empresa a medias, ese libro por escribir, esa conversación pendiente, ese perdón que estás ensayando en silencio. Todo ello es sagrado. No importa que el resultado sea incierto; lo que importa es que el corazón sigue latiendo con la intención puesta en el horizonte. El verdadero fracaso no es caer en el intento, sino quedarse de brazos cruzados en la orilla, viendo pasar la corriente. Así que hoy, aunque no tengas todas las respuestas, aunque el mapa esté borroso y las fuerzas flaqueen, da ese paso. No necesitas ver toda la escalera para subir el primer peldaño. Basta con que tu mano se extienda, basta con que tu boca diga "sí", basta con que tu alma se mueva. Porque al final, más que los trofeos, lo que recordaremos de nosotros mismos será esa chispa de locura que nos impulsó a intentarlo, justo cuando todo parecía estar en nuestra contra. Ser valiente no es no tener miedo; es intentarlo con miedo. Y ese es el único podio que verdaderamente merece la pena habitar.
Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.
No comments yet