Acompañándoles de la mejor manera que sea posible
Lo causal quiso que, precisamente hoy, estuviese dialogando con alguien sobre aquellas lecciones que podemos considerar cruciales para transmitir en la educación de nuestros hijos. Unas horas más tarde, al entrar en Hive, me encuentro con esta propuesta en esta comunidad tan hermosa y es por ello que me decidí sin reservas a participar. ¿Cuáles consideras que son las lecciones más importantes que debemos enseñar a nuestros hijos? ¿Consideras que el fracaso es menos importante, igual de importante o más importante que el éxito en la vida? ¿Por qué? Estas preguntas, si somos certeros, puede ser que nunca nos alcance la vida para realmente responderlas en su justa dimensión. La muchacha con quien dialogaba hoy me contaba su experiencia de vida. Era alguien criada en un ambiente sobreprotector, de dependencia materno filial y que para nada potenciaba un desarrollo funcional de su personalidad en relación con las exigencias que vida le traería en su posterior desenvolvimiento social. Ella, con el paso del tiempo tuvo su primera hija y, cuando ésta cumplió cinco años de edad, de pronto se dio cuenta de que algo debía modificar en su vida personal. Decidió que no reproduciría en su educación los sesgos que sufrió en la suya y determinó independizarse. Junto a su esposo y su hija comenzó el camino del descubrimiento de su propia potencialidad y así se le abrió todo un mundo nuevo que le permitió en efecto transmitirle a su hija, y más tarde a su hijo varón, sus consideraciones sobre aspectos de la vida que serían de gran valor para el camino a recorrer por todos. Me contaba cómo incitó a su hija, desde edades tempranas a ser independiente, creativa, a aprender a la vez de su propia hija pequeña, a no temer equivocarse con sus decisiones y procesar qué enseñanzas le traen las experiencias más difíciles a las que se enfrenta. También me transmitió sus vivencias con su hijo varón, con quien ha tenido aprendizajes diferentes y con quien reaprende otras cuestiones de sí misma en el proceso educativo. Mientras me iba contando, buscaba que yo le respondiese sobre mis impresiones al respecto de cada detalle como si necesitara alguna aprobación. Por supuesto, siempre le insistí en que no se trata de tener un molde preestablecido donde todo sería idealmente expresado. Le acoté en varias ocasiones, ante la inseguridad manifiesta, que no debía culparse por sentir que no lo ha hecho de manera perfecta. Lo importante es que lo hace de la mejor manera en que lo ha ido aprendiendo y que la vida continuará brindándole nuevas perspectivas con opciones siempre de crecer en conocimientos precisos a valorar. El ser humano precisa de sus propias vivencias y tener la libertad de decidir. En mi país hay una frase popular que acota: *nadie aprende por cabeza ajena* y hace referencia a un axioma de la vida que demuestra que, por mucho que le digamos que algo saldrá de un modo, si nuestros hijos no lo comprueban por sí mismos, no lo sabrán en su real medida y consecuencia y por tanto no podrán aprender de ello, lo necesitan. Ella está presente para sus hijos, les acompaña con su experiencias, les permite equivocarse pero, siempre con la posibilidad de que conozcan las consecuencias de cada acción y eso, eso es absolutamente valioso e imprescindible. Sobre las inseguridades que tenemos a la hora de educar a nuestros hijos, ¿a quién no le ha sucedido algo similar? Cuéntenme qué les parece. En mi caso, me declaro un eterno aprendiz de la vida y de mis hijos. Con ellos, siempre que pueda, jamás me cansaré de dialogar, de mostrarles las opciones y consecuencias a tener en cuenta ante cada encrucijada del camino. Podré equivocarme, y de hecho me he equivocado mucho, pero siempre estaré presente acompañándoles de la mejor manera que me sea posible. Por ahora, me despido, no sin antes enviarles a todos ¡un abrazo de luz!
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