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Torres del Paine decidió cobrar la cuenta Para que se ubiquen, en el sitio oficial de las Torres del Paine hay un mapa más detallado que este:

He ido varias veces a Torres del Paine, en verano y en condiciones dudosas. Pero solo la primera vez intenté hacer la O completa. En esa época mis rodillas todavía creían que eran de acero y fui con un amigo que también estaba en esa onda. Llegamos a Laguna Amarga cuando ya caía el sol, y como éramos jóvenes y estúpidos, decidimos ir directo a ver las Torres esa misma tarde. Obvio, a mitad de camino empezó a llover como si se acabara el mundo y cuando oscureció tuvimos que plantar la carpa en el viejo Camping Torres (que después quedó inhabilitado para siempre). Al día siguiente, con la ropa todavía medio húmeda, subimos a las Torres, tomamos fotos, bajamos al sector del Hotel Las Torres y ahí tomamos la decisión oficial: íbamos a hacer la O. Para los que no conocen: en el parque hay dos circuitos estrella. La W es la ruta Instagram, la que te lleva a los hits: Valle del Francés, Glaciar Grey, las Torres al amanecer… todo precioso, relativamente civilizado y con refugios decentes. La O, en cambio, es otra cosa. No es que sea fea (tiene paisajes brutales), pero el objetivo no es sacar fotos bonitas: es probarte a ti mismo si eres capaz de terminarla en menos de 10 días cargando todo y enfrentando lo que venga. Total, arrancamos. Llegamos a Serón sin dramas. Ahí mi compañero miró el mapa, miró el clima, miró sus pies y dijo “hermano, yo me vuelvo a Natales”. Repartimos la comida, me quedé con la carpa y seguí solo. Para no cocinar, ni llevar cocina y gas, decidí comer solamente frutos secos. Como todavía tenía rodillas de 20 años, me propuse hacer dos tramos por día. Me comí el viento patagónico de frente en el paso sobre el lago Paine, pasé Coirón y llegué a Dickson justo cuando se iba la luz. Dos tramos al día, como había decidido. Y ahí me dieron la noticia: el Paso John Gardner estaba cerrado. Justo ese verano un turista israelí (casi siempre es un israelí, revisen noticias de cada año, no pregunten por qué) prendió una fogata donde no debía y quemó media montaña. Resultado: tuve que dar toda la vuelta. Me pilló una lluvia torrencial otra vez en el paso del lago Paine, llegué a Serón con los dedos congelados y no podía ni desabrocharme la mochila. Tuve que pedirle a un alemán para que me ayudara a sacarme la mochila. Después seguí “cerrando la O” de ida y vuelta, pero “por abajo”, pasando Cuernos, haciendo siempre dos tramos al día. Al final, con medio parque chamuscado, mi gloriosa O terminó pareciendo más una C bien gorda. Me quedé con la espina del John Gardner. Ese paso es especial: el parque está casi todo cercano al nivel del mar (con obvias excepciones como las Torres) y de repente tienes que subir hasta los 1.200 metros. Mientras subes los árboles se van achicando hasta desaparecer. Arriba solo quedan roca, viento y parches de nieve eterna. Todo el circuito O tiene cruces de ríos sin puente (saltas piedras, buscas troncos, rezas), pero en esa zona todo juega en contra: exposición total, canalización del viento entre los cerros y un clima que cambia en minutos. Un turista con más experiencia que yo me contó que una vez encontraron a un japonés congelado dentro de su carpa ahí arriba. Años después seguí leyendo casos parecidos. El John Gardner no perdona errores. **La tragedia de este año** Este verano la tragedia tuvo más prensa que nunca, seguramente porque se viralizaron videos de los turistas sonriendo antes de partir y porque hubo varios muertos de una vez. Imagínense la escena: vas subiendo, llueve (nada nuevo), el viento arrecia (tampoco es novedad si ya pasaste el lago Paine). Piensas “yo soy más rápido que el promedio” y no sales de madrugada como recomienda todo el mundo. De repente el viento pasa de fuerte a imposible, empieza a nevar, la visibilidad cae a cero y los 190 km/h (según algunas fuentes) te botan como si fueras una hoja seca. La mochila pesa y te desequilibra, la ropa mojada te roba calor a velocidad récord, no hay ni un árbol para refugiarte, imposible encender la cocinilla (si la llevas) para calentarte las manos, imposible montar nada. Pregunté en varios grupos serios de trekking qué carajo haces en esa situación. Las respuestas más repetidas: “lleva mantita térmica de emergencia” o “carpa de emergencia”. Me dio risa nerviosa. Con viento blanco a 150-190 km/h esa mantita te dura lo que un peo en un canasto y la carpa de emergencia necesita árboles o algo donde amarrarla… que no existen ahí arriba. El toldo saldría volando antes de que termines de sacarlo de la mochila. Lo único sensato es bajar. Bajar YA. Pero bajas ciego, con nieve en la cara, intentando no torcerte un tobillo ni resbalarte al vacío, cruzando ríos crecidos sin puente. Es una lotería macabra. Esa vez quería cruzar el paso, sabiendo luego otras experiencias y las noticias de cada año, hoy agradezco no haber llegado solo a ese paso en malas condiciones. Los campings están a más de 10 km entre sí y el terreno no es plano: te sobra tiempo para que un día radiante se transforme en el peor infierno blanco que te puedas imaginar. Mucha gente salió a gritar que “faltó Estado”, que “Conaf debería haber hecho algo más”. Perdón, pero quien dice eso no ha puesto un pie en la parte trasera del circuito. Ahí no hay señal, no hay rescate rápido, y aunque el guardaparque te diga a las 8 de la mañana que “arriba está despejado”, a las 11 puede estar el apocalipsis. La responsabilidad es 100 % del que decide meterse. **Cierre** El mismo día que se confirmó el número de víctimas, un vecino del gimnasio me preguntó, todo emocionado, si valía la pena ir a las Torres porque quería salir de Santiago y le sonaba “bonito”. Pensé que iba a tocar el tema tragedia, pero no: solo quería fotos y naturaleza. Hablamos reservas, campings, cuándo ir… y en todo momento le dije lo mismo: “Haz la W, hermano. La W y punto”. Creo que cualquiera que realmente conozca el parque debería recomendar lo mismo. Y si alguien quiere más “presencia del Estado”, entonces que su amado Estado ponga un cartel bien grande, en 20 idiomas (incluyendo hebreo) y con letras rojas, a la entrada y en la web: “El circuito O no es una caminata larga. Es una prueba de supervivencia para gente que sabe perfectamente lo que está haciendo. Si no estás 100 % seguro, quédate en la W y sé feliz”. Porque la montaña no entiende de ganas ni de juventud. Y Torres del Paine, mucho menos.

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