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El circo político chileno Chile está atrapado en un circo político donde los actores principales han olvidado sus guiones, si es que alguna vez los tuvieron. La izquierda, liderada por el Partido Comunista, ya no se molesta en disfrazarse de demócrata. En las urnas, han elegido a Jeannette Jara, una militante de toda la vida que juró a los 14 años luchar por el marxismo-leninismo, como su carta presidencial. Mientras tanto, Chile Vamos, la supuesta "derecha", se tambalea en un acuerdismo patológico, corriendo tras los votos de una centro-izquierda huérfana y traicionando cualquier principio que alguna vez defendieron. Sin Jaime Guzmán, su brújula ideológica, han perdido el norte hace rato. Este es el retrato de una casta política que no representa a nadie más que a sí misma. La izquierda sin careta La izquierda chilena, liderada por el Partido Comunista y el Frente Amplio, ha dejado de fingir. Jara, la candidata que promete no mentir, milita en un partido que históricamente ha defendido una "democracia distinta", al estilo de Cuba: un solo partido, sin críticas al poder y con la libertad de expresión filtrada por el tamiz socialista. No es una acusación nueva; es su propia historia. Castro y Chávez también suavizaron su discurso para llegar al poder, y Jara no es la excepción. Su candidatura se sostiene en tres banderas: la ley Karín, las 40 horas y la reforma previsional. Para la izquierda, estas son victorias que, aunque han disparado el desempleo y profundizado la crisis económica, celebran como logros. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿cómo llegaron esas leyes al diario oficial? Con los votos de Chile Vamos. Chile Vamos: ¿Derecha o izquierdistas moderados? Chile Vamos insiste en llamarse "derecha", pero sus acciones cuentan otra historia. Nunca han propuesto medidas genuinamente de derecha, como reducir el tamaño del Estado o defender la propiedad privada sin ambigüedades. A lo sumo, frenan un poco el avance de la izquierda, pero eso no es ser de derecha; es ser izquierdista moderado. La ley Karín, las 40 horas y la reforma previsional no habrían pasado sin su apoyo. Ahora, con el barro hasta el cuello, intentan atacar a Jara por ser comunista, pero ¿cómo critican a alguien con quien acordaron esas leyes? ¿No acusaban a los votantes del "En Contra" de "votar con los comunistas" solo por rechazar un Estado Social de Derecho que otorgaba privilegios por raza? La hipocresía es evidente. Cuando Evelyn Matthei, su candidata, defendió la reforma previsional (en la famosa entrevista con su amigo Checho Hirane) y descartó que se abría la puerta al reparto como una exageración de la "ultra derecha", no vio venir que Jara, respaldada por la izquierda, precisamente planea demoler la capitalización individual para imponer un sistema de reparto total. Chile Vamos pensó que ceder un poquito calmaría a la izquierda. Craso error. La izquierda nunca se queda tranquila; siempre avanza. Y Jara, con el viento de las urnas crecientemente a su favor, no planea detenerse. Sin Guzmán, sin rumbo Jaime Guzmán, el ideólogo detrás de la UDI y de gran parte de lo que alguna vez fue la derecha chilena, entendía que el consenso con la izquierda era una trampa. Su visión era clara: defender la libertad individual, la propiedad privada y un Estado limitado, sin ceder a las presiones de una izquierda que siempre juega a largo plazo. Pero Guzmán fue asesinado en 1991, y con él se fue la brújula del actual Chile Vamos. Desde entonces, han navegado sin rumbo, atrapados en un acuerdismo que los ha llevado a aprobar leyes que engordan el Estado y a olvidar cualquier atisbo de principios. Los gobiernos de Piñera, lejos de revertir esta tendencia, solo la profundizaron. Cada peso que el Estado recauda es un peso menos para los proyectos de los chilenos, pero Chile Vamos parece no notarlo. La disyuntiva imposible Chile Vamos enfrenta un dilema que no puede resolver sin exponer sus contradicciones. Si las ideas de Jara son malas, ¿por qué aprobaron sus leyes? Si son buenas, ¿por qué critican a Jara? No tienen respuesta. Su campaña, liderada por una Matthei visiblemente agotada, es un caos: la proclaman, la desproclaman, arman primarias de cartón que no prenden, y sus voceros se contradicen entre sí. Una de sus voceras incluso admitió que buscan los votos del "socialismo democrático", esos mismos que Jara dejó huérfanos. ¿No decían que asociar a Matthei con la izquierda era cosa de "idiotas"? Ahora, confirmando lo que esos "idiotas" decían, buscan alianzas con esa izquierda "democrática" que ya no existe. La derechita cobarde La derecha “extrema”, que Chile Vamos desprecia (excepto cuando suben en las encuestas) y que llama a Chile Vamos de "derechita cobarde", tiene un punto. Chile Vamos no solo es incapaz de defender valores como la libertad o la propiedad privada, sino que también es cobarde para admitir sus errores. Las contribuciones, un impuesto que grava la propiedad que los chilenos compraron con su esfuerzo, son un ejemplo claro. Chile Vamos no ve la inmoralidad de este "arriendo" estatal; a lo sumo, ofrecen reducirlo un poco o eliminarlo para la segunda vivienda, sin cuestionar el principio. Eso no es defender ideas de derecha; es utilitarismo sin brújula moral. Incluso en temas de seguridad, donde la crisis apremia, Chile Vamos ha cedido. La izquierda bloqueó leyes de seguridad con excusas como el "gatillo fácil", y Chile Vamos no tuvo la fuerza para imponerse. Su incapacidad para jugar dos pasos adelante los ha dejado en una posición insostenible: o son tontos y no ven el avance de la izquierda, o son cómplices. La Concertación, que alguna vez negoció con aparente buena fe, murió con el segundo gobierno de Bachelet. La izquierda actual no negocia; impone. Y Chile Vamos no lo ha entendido en una década. El votante y el poder Mientras tanto, rumores corren: ante el ascenso de José Antonio Kast en las encuestas, algunos en Chile Vamos consideran sumarse a su candidatura (sin bajar a Matthei oficialmente), sabiendo que Kast ya ha mostrado disposición a plegarse a ellos en el pasado. Pero si Kast cede y rompe su pacto con Social Cristiano y Nacional Libertario, perderá toda credibilidad. Su única jugada es fortalecer esa alianza y dejar que Chile Vamos se hunda en su búsqueda de la centro-izquierda, donde realmente pertenece. La política chilena se parece cada vez más a *1984*: alianzas que cambian de un día para otro, discursos que pisan los de ayer, y una casta que espera que el votante olvide. Pero el votante tiene el poder. Usted, que tiene el voto, tiene la obligación de mirar más allá de lo evidente. No crea en promesas vacías ni en frases de libertad que no se sostienen en hechos. Chile Vamos no es la derecha; es la derechita cobarde que perdió el norte sin Guzmán. Y la izquierda, con Jara a la cabeza, no ofrece democracia, sino un proyecto totalitario con disfraz. Vote informado, porque en este juego del poder, lo que hacen vale más que lo que dicen.

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