Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. LIX) El General Tito entre Roma victoriosa y Jerusalén humillada Los romanos no lanzaron otra gran ofensiva contra Jerusalén durante el tiempo de Neron y Caligula. El plan maestro era que se autodestruyesen las diferentes facciones judías después de la muerte y resurección de Jesús; explicados en el anterior post. Mientras tanto, la ciudad bullía de agitación. Los romanos estaban dispuestos a ver las facciones bajo varios señores de la guerra pelear entre ellos. Cualquier simpatía que Tito haya tenido alguna vez por las diferentes facciones judías que hacían vida y que buscaban imponer su teología religiosa, cualquier respeto o admiración que alguna vez le haya dado al Templo, y cualquier preocupación que alguna vez le haya dado a la noción de que Roma actuó con demasiada dureza hacia la rebelión, desaparecieron por completo. Ordenó un sacrificio victorioso cerca de la puerta oriental del Templo. Uno de los animales quemados allí, que era el más insultante y blasfemo de todos, era un cerdo. Los insurgentes que quedaron resistieron durante muchos meses. El Palacio de Herodes fue sitiado y finalmente destruido, y para el verano siguiente, incluso cuando Tito y Vespasiano estaban celebrando un triunfo en Roma, sus fuerzas todavía limpiaban Judea de combatientes. Los hombres judíos sobrevivientes, nazarenos, fariseos capturados fueron enviados a vivir sus vidas en trabajos forzados en Egipto o para ser destrozados por animales en juegos de gladiadores, mientras que sus mujeres e hijos fueron dispersados y vendidos como esclavos. Los caprichos del nuevo régimen también significaron que los líderes rebeldes corrieron destinos diferentes. Juan fue condenado a cadena perpetua, mientras que Simón fue sistemáticamente torturado y flagelado antes de ser estrangulado. En Judea, en los años 73 y 74 d. C., los romanos conquistaron la fortaleza de Masada, en lo alto de una colina, lo que llevó a la Primera Guerra Judía a una conclusión sangrienta. Tito se llevó a Roma como trofeos de su victoria la mesa dorada de los panes de la proposición, el candelabro de siete brazos y un rollo de la Ley. Poco después de la muerte de Tito en el año 81 d. de C, su hermano Domiciano hizo erigir el Arco de Tito en la Via Sacre de Roma. En uno de los relieves que representan la destrucción de Jerusalén, se ve a los soldados romanos llevando la menorá de siete brazos y las trompetas, sosteniéndolas en alto sobre sus cabezas. Los romanos prohibieron a los judíos reconstruir el Templo, establecieron una guarnición permanente y abolieron el Sanedrín, reemplazándolo con un tribunal de procuradores romano. Josefo el historiador judeorromano del siglo I, que había predicho correctamente el ascenso de Vespasiano, estuvo al lado de Tito durante la caída de la ciudad. Después de la guerra se convirtió en ciudadano romano y se le concedió una pensión y una residencia imperial en Roma. Pasó el resto de su vida escribiendo no solo una historia de la guerra, sino de su pueblo, narrando para lectores griegos y romanos la historia de los judíos desde la creación del mundo hasta la revuelta. Josefo (que había participado en la toma de Jerusalén, y como premio; Vespasiano le concedió una pensión de por vida ) defendió hasta el final la cultura y las normas judías frente a la supuesta superioridad del conocimiento y la filosofía griegos. Cuando el judaísmo del Templo desapareció y el cristianismo que evolucionó del judaísmo nazareno, se extendió por el mundo conocido tomando al final la Ciudad de Roma después de tanto derramamiento y sacrificio de muchos judíos y gentiles convertidos en nazarenos - cristianos por parte de los romanos. El judaísmo rabínico en cambio surgió del horror y el derramamiento de sangre de la revuelta y de las cenizas del Templo. Al final, Jerusalén y Roma sobrevivieron hasta hoy pero desde esos tiempos el judaísmo rabínico nunca perdonó a Roma, de su pasado y de sus herederos. @petersbits
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