Sucesión Romana ascenso - apogeo - CAÍDA (Cap. VII) Desmantelamiento del comercio imperial romano Uno de los efectos más profundos y duraderos de la Crisis del siglo III fue la interrupción de la extensa red comercial interna de Roma. Desde la Pax Romana, comenzando con Augusto que organizó un Estado que conquistaba, atacaba, robaba al mundo, los romanos pasaban a ser productores, importadores y exportadores del mundo conocido; este sistema funcionaba como una moto, era el non plus ultra de dinero, guerra, orden y paz; la economía del imperio había dependido en gran parte del comercio entre los puertos que rodeaban todo el Mar Mediterráneo a través de los extensos sistemas de carreteras hacia el interior y exterior del Imperio. Los comerciantes podían viajar de un extremo al otro del imperio con relativa seguridad para el transporte de suministro en unas pocas semanas, trasladando los productos agrícolas producidos en las provincias a las ciudades y los productos manufacturados producidos por las grandes ciudades de todos los puntos cardinales a las provincias más rurales. Las grandes propiedades producían cultivos comerciales para la exportación y utilizaban los ingresos resultantes para importar alimentos y bienes manufacturados urbanos. Esto resultó en una gran interdependencia económica entre los habitantes en todo el vasto imperio. De manera que por estos caminos pasaba un tráfico cada vez mayor, no sólo de tropas y oficiales, sino también de comerciantes, mercancías e incluso viajeros y turistas. Rápidamente se desarrolló un intercambio de mercancías entre las distintas provincias, que pronto alcanzó una escala sin precedentes en la historia anterior y que no se repitió hasta cuando nació el Gran Imperio español en Hispanoamérica que cubría ½ mundo. Metales extraídos en las tierras altas de Europa Occidental, pieles, vellones y ganado de los distritos pastoriles de Gran Bretaña, España y las costas del Mar Negro, vino y aceite de Provenza y Aquitania, madera, brea y cera del sur de Rusia y el norte Anatolia, frutos secos de Siria, mármol de las costas del Egeo y, lo más importante de todo, grano de los distritos de cultivo de trigo del norte de África, Egipto y el valle del Danubio para las necesidades de las grandes ciudades; todas estas mercancías, viajaban de norte a sur y del este al oeste y viceversa creando una gran variedad de mercancía en los estantes y una calidad de vida a los ciudadanos romanos nunca visto antes en la toda la historia de la Humanidad. Sin embargo, con el inicio de la Crisis del Siglo III, esta vasta red comercial interna se vino abajo. Los disturbios civiles generalizados hicieron que ya no fuera seguro para los comerciantes viajar como antes, el viaje de gente portadora de virus impidió la entrada de mercancía y la crisis financiera que golpeó dificultó mucho el intercambio con la moneda degradada. Esto produjo cambios profundos que, en muchos sentidos, presagiaron el carácter económico muy descentralizado, localista que trató volver a estos tiempos mucho más adelante: durante la Edad Media venidera. @petersbits
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