Marilyn por entonces estaba deseosa de quitarse la fama de frivolidad que se deslizaba por sus curvas. Tuvo que declinar, por obediencia debida a su productora (Fox), de la invitación de la Paramount, frustrando así el deseo del novelista, que también había pensado en John Frankheimer para su dirección. Apareció el nombre de Kim Novak, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto, por cuestiones honorarias. La tercera en discordia resultó ser Audrey Hepburn, que aceptó el papel siempre y cuando su personaje de lujosa señorita de compañía quedara exento de la connotación bisexual con que aparecía en la novela de Capote. La exquisita actriz no quiso a Frankheimer para dirigirla, puesto que desconocía su «modus operandi». Audrey Hepburn, entre escenas de 'Breakfast at Tiffany’s' (1961). #BeautifulWomen
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