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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. XV) Los grandes errores del paranoico Cesar. “En la conspiración sobre el Cesar, ejecutando a los senadores por sediciosos, este paranoico le pide a su asesor un consejo conciso y claro, y este le responde después de un silencio prolongado: Gran Cesar, “Podrás matar a todos los hombres, pero nunca a tu sucesor” SENECA César encontró útil el apoyo de los romanos pobres, pero viendo que se le fue la mano contra los judíos que hacían el papel de prestamistas, ya que estaban apoyados y con fuertes alianzas con los patricios que eran los grandes terratenientes y los romanos pobres lo pagaron con ellos. Sin embargo sus políticas fueron lo suficientemente redistributivas como para causar consternación entre la clase alta. Él "se fue a salvaguardar y mantener a las masas” y esto fue lo que precisamente le sacó de las casillas a la aristocracia (judíos, prestamistas, comerciantes y demás aliados) y a la curia senatorial romana. En el mundo de los Optimates, Popularis y la nueva aristocracia; la ambición era moneda común y perfectamente aceptable. Odiaban las simpatías igualitarias de Cesar, su preocupación de larga data por los intereses del pueblo. Sin duda, el conflicto entre nobles y proletarios no estaba planteado. Había algunos senadores, que no formaban parte del círculo íntimo óptimo, que apoyaban a César, y había plebe, libertos y extranjeros que, debido a sus necesidades dependían de los sobornos de la clientela, corrían en busca de los patrocinadores aristocráticos por trabajos. Aun así, si no de manera perfecta, sí aproximadamente, se trazaron líneas de clase en la lucha entre César y los oligarcas del Senado, pero la sonrisa, la hipocresía y el cinismo fueron la moneda de cambio. Para la democracia liberal de voto que supuestamente se considera valida, los defensores del privilegio de clase recurren a los ataques ad hominem, calumniando a cualquier líder que sigue políticas en nombre de la gente común como un demagogo que se promociona a sí mismo, un alcahuete que intenta usurpar el poder. Sin duda, ningún líder popular puede darse el lujo de ser indiferente a las consideraciones del poder popular y columnas del sistema. Se necesita un apoyo masivo como palanca compensatoria para desafiar los intereses arraigados de la clase dominante que define al final a quien quiere como títere en el poder. Como hemos visto, en la República romana el hecho en ponerse del lado de las masas era una empresa peligrosa, no una elección de carrera prometedora para líderes ambiciosos. Pocos populares disfrutaban de ser desairados y tildados de agitadores sediciosos por sus pares. Ninguno disfrutó de ser amenazado con daño corporal. Ninguno anticipó que cortejando el apoyo de las masas no organizadas ganarían un camino tranquilo hacia la cima del poder. Aquellos como los hermanos Graco, Cesar y otros que se aventuraron como campeones de causas igualitarias y pagaron el precio supremo por hacerlo. Fueron impulsados por algo más que, o además, por el engrandecimiento personal ó aspiraban que las masas vengasen su muerte matándolos a todos, cosa que nunca ha ocurrido ya que las masas, lloriquean y muestra algún teatro sangriento pero al final solo piensan en sus bolsillos y se olvidan del muerto. ¿Y la demagogia de los optimates? Rara vez los eruditos de la República tardía plantean alguna pregunta sobre la duplicidad y el engrandecimiento egoístas de sus poderosos tesoros que promueven sus intereses por cualquier medio necesario, siempre ha sido así. No se hagan ilusiones a estas alturas del siglo XXI que esto no ha cambiado, por favor. Demasiados historiadores parecen compartir la descripción brillantemente lírica de Cicerón de sus colegas elitistas como hombres que gobernaban para el beneficio de todos, presidiendo el timón del estado como su EMPRESA ó COMPAÑÍA ANONIMA "con toda su habilidad y devoción". Sus ejecutores, actores, políticos que fingen ser protectores del pueblo mientras que de hecho operan como sus expropiadores. Los óptimos nos llegan a través del filtro de la historia de los caballeros como hombres de los más altos principios. En realidad, se apegan sólo a aquellos principios que se ajustaban a su noción de la buena vida tal como la experimentaban. Se opusieron a la reforma agraria, el control de alquileres, la cancelación de la deuda de los prestamistas y sus intereses. @petersbits

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