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Sucesión Romana ASCENSO - apogeo - caída (Cap. II) La guerra entre los dos titanes... Entre los años 264 y 146 a. C., los romanos y cartagineses que eran como decir EE.UU. y China; no se cabían en el mismo matadedro y decidieron en librarse tres guerras conocidas como Guerras Púnicas por el control definitivo del Mediterráneo, que finalmente llevó a la destrucción de Cartago. La Primera Guerra Púnica duró desde el 264 hasta el 241 a. C. y provocó que Cartago perdiera el control de Sicilia ante los romanos. Los romanos vamos a decir estaban VERDE, del control marítimo y comercial de los cartaginenses, éstos había diseñado un sistema de transacción muy sofisticado para la época, una moneda muy parecido a lo que conocemos hoy: el modelo fíat. Se compraban y vendían monedas con monedas de hierro y la Ciudad de Cartago emitía unos "BILLETES" de cuero con respaldo del oro y plata que tenían ellos en sus bóvedas. A parte la compra de esas "tiras de cuero" su diferencial cambiario a cambio de mercancía eran algo caras. Cartago tenía en sus bóvedas los metales preciosos extraídos de las costas de lo que es hoy España. El otro dato importante es que Roma controlaba la bota itálica y si ves el mapa, quería patear la isla de Sicilia controlado por Cartago, necesitaba controlar esa isla ya que quería usarla como portaaviones, de alimentos y centro de distribución marítimo y así pudieran expandirse por el Mediterráneo. El Senado romano controlado por familias aristocráticas (que por cierto esas familias gobiernan el mundo hasta el día de hoy y que hablaremos proximamente) estaban muy preocupadas: Roma había desarrollado un ejército terrestre muy numeroso y había que sacarla al extranjero; tenían claro que si el ejército se quedaba en casa: tocaban tu puerta a saquearte y eso el senado romano lo tenía más que claro, necesitaban una guerra y mientras más largo y lejos fuere mejor. Así que la Primera Guerra Púnica se libró por el control de Sicilia. Al comienzo de la guerra, los cartagineses controlaban la mayor parte de Sicilia. Cartago estaba interesada en el comercio con otras civilizaciones y su base de poder era su flota. Roma, en cambio, no tenía flota, pero tenía un ejército muy poderoso. Debido a la diferencia en las bases de poder, los dos poderes habían coexistido fácilmente entre sí hasta el momento de la Primera Guerra Púnica. Lo que provocó la guerra fue una solicitud de un grupo de hombres llamados Mamertines, que habían tomado el control de la ciudad de Mesana. Habían sido derrotados por los siracusanos y luego ocupados por los cartagineses, que no querían que los siracusanos ocuparan Mesana. Los mamertinos solicitaron entonces ayuda a los senadores romanos para deshacerse de los cartagineses. Los romanos decidieron acudir en ayuda de los mamertinos y en el 264 a. C. trasladaron tropas a Sicilia, que pudieron hacerse con el control de Mesana cuando la guarnición cartaginesa se retiró de la ciudad. Los romanos negociaron con los siracusanos y otras ciudades de Sicilia y los convencieron de unirse a los romanos en la guerra. Pero no fue suficiente, los cartagineses pudieron mantener el control de muchas de las ciudades costeras de Sicilia. Para terminar la conquista de Sicilia, los romanos necesitaban construir una flota, y en el 260 a. C. la flota romana se hizo a la mar y comenzó su campaña para expulsar a los cartagineses de los mares alrededor de Sicilia. Los romanos ganaron varias batallas navales durante el período de 260 a 256 a. C. Los romanos habían decidido probar una estrategia diferente para invadir África en un intento de derrotar a los cartagineses en su territorio de origen y poner fin a la guerra. Los romanos navegaron desde Mesana hacia África, pero fueron interceptados por la flota cartaginesa. Los cartagineses fueron finalmente vencidos por tácticas romanas y perdieron más de un tercio de su flota, momento en el que huyeron de la batalla. La batalla retrasó la invasión romana de África, pero solo temporalmente. La flota de invasión llegó a África más tarde ese año y dejó al ejército para sitiar Cartago y éste pidiendo apoyo para defender la ciudad contrató mercenarios de Grecia, incluido un general espartano que en el año 256 a. C. dirigió al ejército cartaginés en un ataque contra el ejército romano. El ejército romano fue derrotado y el asedio se levantó. Los restos del ejército romano fueron evacuados más tarde ese año de regreso a Roma. El foco de la guerra luego regresó a Sicilia. Desde el 254 hasta el 243 a. C., los romanos y cartagineses lucharon en Sicilia sin que ninguno de los bandos pudiera ganar la partida en la lucha. Luego, en el 243 a. C., los romanos, con una nueva flota construida en el Adriático, pudieron derrotar nuevamente a los cartagineses en el mar y bloquear a la isla de Sicilia. Con la pérdida de suministros y apoyo, el comandante cartaginés, Amílcar Barca (el padre de Aníbal), se vio obligado a llegar a un acuerdo con los romanos. Aníbal nació en el 247 a. C. Amílcar había sido el comandante de las tropas cartaginesas en Sicilia al final de la guerra y pasó el resto de su vida tratando de vengarse de los romanos por la derrota tanto es así que en el 237 a. C., en una fiesta religiosa, Amílcar hizo que su hijo Aníbal celebraron un ritual en la que los romanos eran sus enemigos jurados. Ese mismo año, Aníbal acompañó a su padre a España, donde permaneció hasta su regreso a Cartago en el 228 a. C., tras la muerte de su padre, para terminar sus estudios. Regresó a España en el 224 a. C. para comandar las fuerzas de caballería de su cuñado hasta que su cuñado murió en el 220 a. C. El ejército eligió entonces a Aníbal como su nuevo líder. Aníbal el tuerto, pero con ese ojo que le quedaba veia como 3 ojos, demostraría ser un excelente estratega y táctico. Tan es así que se estudia en las Academias de Guerra más importantes del mundo. La Segunda refriega Aníbal Barca encabezó la invasión cartaginesa de Italia durante la Segunda Guerra Púnica, que se desarrolló entre el 219 y el 202 a. C. Pero antes Aníbal conquisto a España que lo llevó finalmente a un conflicto con los romanos cuando capturó la ciudad de Sagunto (Comunidad Valenciana) y que era aliada declarada de Roma. En 218 a. C., Aníbal y su ejército abandonaron España y se dirigieron a Italia, donde haría campaña durante los siguientes 15 años. Aníbal con poco presupuesto; llevó a su ejército, incluidos los elefantes de guerra, a través de los Alpes y a Italia. Su ejército no era lo suficientemente grande como para capturar y ocupar las ciudades de Italia, por lo que Aníbal intentó dividir la confederación romana, lo que reduciría el poder de Roma y permitiría que Cartago ganara la guerra. En 218 a. C., Aníbal derrotó a un ejército romano cerca del río Trebia, donde desembocaba en el río Po. Con esta victoria, la mayor parte de la Galia cisalpina se puso del lado de Aníbal. La primavera siguiente se trasladó al sur, y Aníbal pudo atraer al ejército romano a una trampa, donde su ejército masacró a 15.000 de los 21.000 soldados romanos todo un bárbaro en estrategia. Aníbal continuó saqueando y quemando la campiña italiana, pero no pudo tomar la ciudad de Roma, los romanos no se rendían a pesar que tenían la soga en el cuello. La victoria en Cannas fue el punto culminante de Aníbal. Continuó haciendo campaña en Italia durante los siguientes 11 años, la falta de suministro que sufrió Aníbal, ayudó a los romanos ganaron lentamente la delantera contra los cartagineses. Los cartagineses intentaron ampliar la guerra, y se envió un ejército a Cerdeña pero debido al mal tiempo se retrasó y llegó tras los romanos, quienes los derrotaron. Aníbal también pudo convencer a Filipo de Macedonia para que atacara a los romanos en Iliria. Los romanos reunieron a varios aliados en Grecia, lo que les permitió controlar a Filipo. La Asamblea de Cartago que vivían en una vida tipo Jet set; se negó finalmente no enviar más dinero por la campaña de Aníbal, ese fue su debilidad: peleaba con lo poco que contaba. Durante el año 216 al 205 a. C., Aníbal se vio cada vez más comprometido con la protección de las ciudades de las provincias romanas que se habían puesto de su lado. En el 204 a. C., los romanos sabiendo que Cartago tenía un ejército de mercenarios por contrato; llevaron la guerra a África enviando un ejército de gladiadores romanos al mando de Escipión para matar la culebra por la cabeza. Con la invasión romana de África, Aníbal fue llamado de Italia para comandar el ejército para proteger a Cartago, pero ya era muy tarde. En la batalla de Zama, en el 202 a. C., Escipión (que ganó el título de Africano debido a su victoria) derrotó a Aníbal y su ejército de mercenarios que hicieron el papel de traidores hijos de puta, no les gustaba el pago por tiras de cuero, querían oro y plata. Los años de guerra finalmente habían desgastado al ejército cartaginés, y los romanos lo expulsaron del campo de batalla. Habiendo perdido la batalla, los cartagineses no estaban en condiciones de continuar la guerra e hicieron las paces con los romanos. Aníbal ayudó a reconstruir Cartago después de la guerra, lo que irritó a los romanos, viendo que era un líder carismático e inteligente lo secuestraron y lo enviaron al exilio en 196 a. C. Sin embargo, se escapó y los romanos continuaron persiguiendo para asesinarlo, hasta que en el 183 a. C. se suicidó. La tercera y última. Sin Aníbal, la guerra final, la Tercera Guerra Púnica para el ejército romano fue a pedir de boca, se libró entre el 149 y el 146 a. C. Los romanos insistieron en que los cartagineses abandonaran su ciudad, lo que se negaron a hacer. Cuando se completó el asedio y la ciudad fue capturada en 146 a. C., el 90 por ciento de la población fue extinguida. El resto fue vendido como esclavos y la ciudad de Cartago fue destruida capturando todo el oro, plata, hierro, bronce y plomo que tenían acumuladas en las bóvedas, Roma absorbió a la vez toda la información comercial que tanto éxito tuvieron... @petersbits

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