Sucesión Romana ascenso - apogeo - CAÍDA (Cap. XX) La batalla que marcó el ocaso del Imperio Antes de que entrara Atilla con toda su peste, violencia y odio sin descanso, se había producido una entrada fuera de control de los inmigrantes góticos llenos de agallas sin miedo, que saqueaban y destruían con irreverencia que provocaron un choque con los orgullosos romanos que olvidaron lo que es luchar y matar por sus principios, llevando a la desesperación a los salvajes en que no pudieron tolerar su degradación y miseria. Un choque aparentemente imparable que condujo a la guerra y a la Batalla de Adrianópolis (378), donde murieron hasta 40.000 romanos, junto con el emperador Valente, quien optó por no esperar los refuerzos enviados por el emperador occidental porque necesitaba desesperadamente una victoria decisiva para proteger las fronteras de Roma de los godos apuntalar su posición y convencer al mundo que ROMA, tenía una posición de hegemónica sobre los demás pueblos. . Ambrosio, obispo de Milán y uno de los padres de la Iglesia católica, llamó a esta batalla "el fin de toda la humanidad, el fin del mundo", mientras que el más famoso cronista romano contemporáneo, Ammianus Marcellinus, comentó lo siguiente: "Nunca , excepto en la batalla de Cannas, si hubiera habido una matanza tan destructiva registrada en nuestros anales". Después de Adrianópolis, Roma perdió su estatus de superpotencia y ya no pudo mantener a raya a los bárbaros por medios puramente militares, quedó para negociar oro por una agónica falsa paz en medio de la escasez, hambruna, inflación, enfermedades y muerte. El panorama se empeora más; cuando cada vez más godos y hunos fueron absorbidos por las legiones romanas o fueron contratados como mercenarios, y la población romana se sintió cada vez más insegura y amenazada por su presencia. El emperador Teodosio I firmó el suicidio del imperio ya que permitió que los barbaros fuesen los soldados por falta de “romanos originales” muchos de ellos advenedizos con las manos aún cubiertas de sangre romana. En ese escenario tan dantesco, los romanos tuvieron que tolerar la arrogancia de esos bárbaros que vestían como romanos y hablaban en latín solo cuando se encontraban con romanos por aparentar su falsa lealtad y pasaban el resto del tiempo hablando su propio idioma y burlándose de las costumbres romanas. @petersbits
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