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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. L) Saulo de Tarso, el judío cristiano conocido como Pablo que cambio el Cristianismo para siempre…. Mientras Pablo debió de hacer grandes esfuerzos convirtiendo judíos ya que encontraba reticencia para "dar el diezmo" para la nueva "Religión", debio volverse hacia los gentiles, la aristocracia y todos aquellos que no querían ir al templo. Comprendió que el núcleo del cristianismo podía ser atractivo para cualquier hombre o mujer, y que entre los gentiles no tendría que chocar contra los prejuicios de la ortodoxia judía. A partir de entonces se dedicó a vender el cristianismo lo más popular posible, lo que requirió modificaciones drásticas de la doctrina que predicaban Pedro y los otros apóstoles. El Cristo del que hablaba Pablo (esencialmente el Cristo en el que creen los cristianos actuales) difería en muchos aspectos del Cristo de Pedro y los demás apóstoles (y, por supuesto, en muchos más aspectos del Jesús histórico). Por ello a este Cristo se le conoce como el Cristo paulino. El Cristo paulino coincidía con el de los otros apóstoles en que era el Mesías y, más aún, en su naturaleza divina. (La naturaleza divina de Cristo estaba más o menos implícita en la predicación de los apóstoles, aunque sólo más adelante los cristianos iban a plantearse cómo debía entenderse esto. Usando un lenguaje posterior, Jesús pasaba a ser el Hijo único de Dios, partícipe de su misma naturaleza.) Sin embargo, el Cristo paulino había muerto y resucitado para redimir a todos los hombres, judíos o no judíos. Jesús había ordenado a Pablo predicar el evangelio también a los gentiles, pues también ellos podían salvarse si tenían fe en Cristo, pese a: Yo no soy enviado sino a las ovejas pérdidas de la casa de Israel. (Mt. XV, 24) Hay que destacar que uno de los motivos por los que los gentiles eran reacios a abrazar el cristianismo era que ello exigía que aceptaran los ritos judíos, particularmente la circuncisión. Por el contrario, el Cristo paulino había anulado la Ley de Moisés y de los otros profetas. De manera que; había sustituido la antigua Alianza en la que Dios había establecido con los judíos a través de Abraham como la comunidad elegida; quedaba sustituida por una Nueva Alianza establecida con todos los hombres y mujeres a través de Jesucristo. Pablo como todo judío bien educado; que hablaba el griego, la palabra griega que significa "alianza", también significa "testamento". Cuando, más adelante, el cristianismo se extendió por la mitad occidental del Imperio Romano, sus predicadores hicieron más daño al latín que los romanos a sus personas, y así en la jerga cristiana se habla de un "Antiguo Testamento" frente a un "Nuevo Testamento", pero no hay que deducir de aquí que Yahveh estuviera pensando en morirse. Es decir, para no enredarnos más; los cristianos ya no estaban sujetos a los aspectos formales de la Ley, sino a su espíritu. En consecuencia, ya no había motivo para circuncidarse, abstenerse de comer "alimentos inmundos" como el cerdo, celebrar las festividades judías, abstenerse de trabajar en sábado, etc. Por el contrario, el Cristo paulino comparte con el Jesús histórico su mensaje de amor y mansedumbre, sólo que ahora es verdaderamente, que existió y es universal. Y Dios es el que asimismo nos ha hecho idóneos para ser ministros del Nuevo Testamento, no de la letra [de la Ley], sino del Espíritu, porque la letra mata, más el Espíritu vivifica. (II Cor. III, 6) Ahora bien, el Cristo paulino refleja que el reino de los cielos está abierto por igual a ricos y pobres, poderosos y humildes. Para seguir a Cristo no hay por qué renunciar a las posesiones y riquezas, pero tampoco dejar de pagar impuestos o desobedecer a la autoridad (librándose así de estar en contra de las obligaciones romanas). Pablo insiste mucho en que el cristiano no ha de dar pie a ninguna clase de censura, crítica o escándalo (no sólo hay que obrar bien delante de Dios, sino también delante de todos los hombres). Al mismo tiempo mezcló las costumbres judías con las romanas, potenciando nuevos rituales y marcando diferencia. Por ejemplo, los apóstoles usaban el bautismo como símbolo de la conversión al cristianismo, recordando que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. Ello conllevaba el perdón de los pecados. Pablo convirtió el bautismo en símbolo de la fe en Cristo, de modo que mientras los judíos (y los cristianos según la concepción de Pedro y los otros apóstoles) distinguían entre circuncisos e incircuncisos, los cristianos de Pablo distinguirían entre bautizados y no bautizados. Con ello el cristianismo de Pablo se liberaba de toda conexión con el nacionalismo judío. También puede considerarse a Pablo el instaurador de la eucaristía en sentido moderno. El texto más antiguo conocido sobre la institución de la eucaristía está en una de sus cartas: Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo enseñado, y es que el Señor Jesús, la noche misma en que había de ser traidoramente entregado, tomó el pan, y dando gracias lo partió y dijo: Tomad y comed; éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado; haced esto en conmemoración mía. Y de la misma manera tomó el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía. Pues todas las veces que comiereis este pan o bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga. (I Cor. XI, 23-26) Es posible que Pedro y los demás discípulos idearan la eucaristía como una forma de legitimar su autoridad: Jesús les había hecho comer su cuerpo y su sangre, de modo que estaba en el interior de todos ellos. Pero la versión que aparece en los evangelios es prácticamente idéntica a la cita precedente, y el Cristo que habla es sin duda el Cristo paulino. Fue Pablo quien convirtió el misterio de la eucaristía en un rito de comunión (unión conjunta) de Cristo y los cristianos, tal vez inspirado en las religiones anteriores, cuya finalidad era fortalecer el contacto del hombre con Dios (parece ser que Pablo estaba familiarizado y o experto de ellas, aunque no era un iniciado). Al comer el pan y beber el vino, el hombre recibía a Cristo en su seno, lo que le exigía la responsabilidad constante de ser digno de ello: Porque quien lo come y bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación, al no hacer el debido discernimiento del Cuerpo del Señor. (I Cor. XI, 29). En definitiva, Pablo para ponerse a la cabeza de una reforma mucho más sólida, articulada y fundamental, de la que quedaban excluidos en principio pero incluídos al final a los propios judíos (salvo que abrazaran la fe en Jesucristo), pero que a cambio admitía en su seno a cualquier hombre o mujer, judío o gentil. Pablo como hombre culto aprovechó sus conocimientos para sentar las primeras bases de lo que sería la futura teología cristiana que no tardó en demostrar su enorme fuerza. En los años siguientes logró crear en Antioquía una importante comunidad cristiana acorde a sus planteamientos y de allí se expandió con éxito en todos los rincones del imperio romano, algo que fue imparable. Demostrando que Saulo de Tarso, el judío cristiano conocido como Pablo, a parte que fue un hombre culto y preparado teologicamente era por lo demás un hombre inteligente, agudo y muy observador. @petersbits

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