Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. LXXVI) Cuando ROma prefirió a los Cristianos Cuando Adriano pasó por Judea, se sorprendió que aunque Jerusalén había sido destruida hacía más de medio siglo, sus ruinas seguían siendo objeto de veneración para los judíos. Para borrar este recuerdo decidió que se edificara allí una nueva ciudad romana y que donde se había alzado el Templo judío se erigiera un templo a Júpiter. Cuando los judíos se enteraron se dedicaron a organizar una nueva revuelta para aclarar quien manda allí. El principal líder religioso que fue Aquiba ben Josef, un tipo sabio, que tenía más de ochenta años les metió ideas a todos, buscando apoyo para la revuelta hasta que consiguio un duro de matar como mesías a Simón bar Koziba, al que le cambió el nombre por el de Simón bar Kokhba (hijo de una estrella). Mientras Adriano nombró a Arriano gobernador de Capadocia, que fue así el primer griego que condujo un ejército romano. Así que en 131 estalló la revuelta judía en la que se combinaron 2 dos cosas: los judios estaban mejor organizados que la anterior y los rommanos estaban empezando a tener problemas de indisiplicas y prueba de ello fue tuvieron que abandonar sus campamentos cercanos a Jerusalén; así que los rebeldes se apoderaron de las ruinas de la ciudad, restablecieron los antiguos ritos, acuñaron moneda y trataron de establecer un gobierno. Una legión enviada apresuradamente a Judea fue totalmente aniquilada, pero los romanos se reorganizaron rápidamente y el mismo Adriano volvió a Judea. Lentamente, fueron tomando y bloqueando los suministros una fortaleza tras otra y ya en 134 habían recuperado el dominio de prácticamente toda la región. Los judíos fueron expulsados de Jerusalén. Aquiba fue capturado y despellejado vivo. Bar Kokhba huyó en una ciudadela cercana que fue tomada en 135, tras lo cual fue ejecutado. Los romanos molestos arrasaron Judea sin contemplaciones. Al final quedó prácticamente despoblada de judíos. Se les prohibió acercarse a Jerusalén y desde entonces el pueblo judío dejó de existir como estado y subsistió en pequeñas colonias dispersas por el mundo. Por esta época los romanos ya habían comprendido que el judaísmo y el cristianismo no sólo eran religiones distintas, sino que se odiaban mutuamente. Comprendieron que en realidad los cristianos eran gente tranquila que nunca había hecho nada malo y que los únicos peligrosos eran los judíos, así que los cristianos recibieron un cierto apoyo como un medio para asfixiar a los judíos. El cristianismo siguió creciendo, especialmente en las ciudades. Los campesinos eran más rudos y siguieron aferrados a sus creencias. Tanto es así que la palabra "pagano" significaba propiamente "campesino" y terminó siendo sinónima de "no cristiano (ni judío)". A lo largo de este siglo se fue generalizando entre los cristianos la costumbre de llamar Dies Dominica (día del Señor) al que los romanos llamaban Dies Solis (día del Sol). Según la tradición era el día de la semana en que Jesucristo había resucitado. Durante el siglo anterior los cristianos más afines a los judíos habían mantenido la festividad del Sábado (el equivalente al Dies Saturni de los romanos), mientras que otros la trasladaron al día de la resurrección. Tras la ruptura entre las dos religiones el domingo se convirtió definitivamente en el día santo cristiano. El cristianismo se empezó a expandirse en las foros, mercados, y calles de todo el imperio pero después se reunían secretamente en las sinagogas donde se estaban los judios nazarenos como nacionalistas; pero los judios nazarenos empezaron a convocar por los caminos del proletariado urbano, especialmente de las mujeres, los esclavos y las clases pobres en general, pues para ellos una vida eterna colmada de dichas resultaba todo un consuelo. Sin embargo, ya hacía algún tiempo que el cristianismo prosperaba también entre las clases cultas, pues san Pablo había sembrado una semilla de pensamiento lo suficientemente sutil para interesar a los filósofos, y paulatinamente habían surgido figuras que combinaban el pensamiento griego tradicional con la nueva religión. Esto fue dando fuerza a la nueva religión, en el sentido de que cada vez había más cristianos en posiciones influyentes, pero a la vez la debilitó, porque mezclar a los intelectuales en algo supone inevitablemente crear facciones divergentes. La combinación más descarada entre filosofía griega y cristianismo fue el gnosticismo, que —como ya hemos visto— demonizaba a Yahveh y santificaba a Platón, pero frente a él hubo siempre otras teologías más convencionales que consideraban igualmente divinos a Yahveh (el Dios Padre), a Jesucristo (el Hijo) y también al Espíritu Santo. Esta situación no lo admitieron los judios nacionalistas que nunca perdonaron de que los judios nazarenos invitasen a las sinagogas que entrasen gentiles para sus rezos y perdieran el dominio de "sus templos". Se sintieron como expropiados, despreciados por ser minoría por lo que optaron retirarse y esconderse ya que queiren defender la idea que son el pueblo predilecto de Dios. Entre los primeros cristianos filósofos tenemos a Justino, que había nacido en Judea a principios de siglo, pero era hijo de padres paganos y había recibido una educación griega. Pronto conoció la Sagrada Escritura y se convirtió al cristianismo. Marchó a Roma donde abrió una escuela y donde enseñaba la doctrina cristiana y afirmaba que toda la filosofía pagana estaba inspirada, consciente o inconscientemente, en la religión mosaica. Parece ser que sus escritos impresionaron favorablemente a Adriano, lo que confirmó su política de tolerancia hacia el cristianismo. Aquí nació la repulsa de los judios de todo lo que le rodea sobre el Imperio romano, hasta hoy. @petersbits
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