Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. XXVIII) Las fiestas privadas El vino era infaltable no importa la época el alcohol siempre tendrá una importancia en cualquier fiesta y en los días de imperio romano en su máximo apogeo no era la excepción, los romanos preferían el vino antes que cualquier otra bebida embriagante como la cerveza que era dejada para la plebe pues el contenido de un buen puñado de uvas era un símbolo de distinción y categoría para los hombres y mujeres ricas de la época. Los historiadores estiman que el vino era tan importante en aquella sociedad que se bebía una botella por ciudadano todos los días, el del imperio de la época tenía un grado de alcohol superior a los actuales. Los romanos no terminaban sus fiestas dando tumbos ni pena ajena; era muy mal visto porque mezclaban su vino con agua al gusto del invitado, otra cosa es el sabor de aquel vino almacenado en macetas de terracota era robusto y en cuanto menos desagradable las botellas siempre presentes en las fiestas romanas habían vinos de especias: un vino dulce que contenía una infusión de miel que mejoraba su sabor las cenas eran opulentas los antiguos romanos se tomaban muy en serio. Las fuentes literarias de la época describen los banquetes privados romanos como una caricia a los sentidos por la extravagancia y opulencia a merced de los invitados que disponían de vajillas lujosas y una profusión de alimentos todo enmarcado en un entorno delicadamente ataviado el comedor era uno de los lugares más importantes de la casa al que por supuesto no se le negaba decoración incluye espectaculares mosaicos de piso pinturas murales esculturas de arte y muebles mientras comían los romanos se arrullaban en sofás reclinables a los que sólo las mujeres respetables podían sumarse un comedor tenía tres amplios sofás cada uno con tres personas reclinadas para un total de nueve invitados y como era el momento de la anfitriona para mostrar cuánto tenía si los poseía podía invitar a degustar la comida en lujosos sofás hechos de bronce y marfil La comida era tan groseramente exótica como el entorno porque con tan lujosas vajillas no se podía servir cualquier alimento los invitados comían langostas faisán mariscos y hasta pavorreales entre otras carnes los alimentos prohibidos por las leyes suntuarias. También había asientos reservados durante una fiesta en donde no existía aquello de ponte cómodo donde quieras al menos… no en las privadas aunque el lugar del asiento de honor variaba de ciudad en ciudad para la época el más importante era la cabecera o la sección central de la mesa, como bien lo dijo el historiador Plutarco: “para los persas el lugar de honor es el más central donde se sentaba el rey mientras que para los griegos la cabecera y el último lugar del sofá del medio para los romanos” en este punto la asignación de asientos en una fiesta privada en el imperio; era importante por lo general correspondía a la edad y al rango del invitado se consideraba mala educación no asignar a un puesto de honor a personas de estatus especial o no juntarlas con otros invitados importantes pero la edad y el rango no era lo único que los romanos consideraban al asignar puestos era igual de importante que los invitados se llevaran bien porque no era el prestigio sino el placer lo que debía determinar la ubicación de los invitados no era el rango de cada uno lo que debía considerarse sino la afinidad e idoneidad de cada uno para cada uno así que al asistir a una fiesta romana se debía tener cuidado de no invadir un lugar. La lucha de gladiadores era uno de los entretenimiento de la noche a parte de la comida, el vino y unos asientos privilegiados no eran suficientes y realmente se quería impresionar a los invitados a veces era necesario un entretenimiento mayor a la música, la poesía, las acrobacias se requería también de una lucha entre gladiadores: estas peleas también solían ser oportunas para que los hombres conversarán discretamente con prostitutas invitadas por el anfitrión que si había algún acuerdo; se les tenía un habitación para el disfrute del invitado y su señora del momentum para sacarle información o para liquidarlo. Para hacer aún más placenteras las fiestas a diferencia del espectáculo en los coliseos de la ciudad donde debían entretener a centenares de personas las peleas en las fiestas privadas entre aquellos esclavos estaba destinada a divertir a los aristócratas el trasfondo político de las fiestas todo aquel esmero y exhibición de riqueza no era más que un acto político premeditado en una Roma donde imperaba precisamente la política, la negociación y la presión de estrategias establecidas por la supervivencia de los clanes ya que cualquier banquete; era una oportunidad para mantener vigente el precepto de mantener a tus aliados cerca y a tus enemigos aún más cerca, así que estas fiestas permitían a los emperadores hacer gala de su riqueza y poder político además de monitorear e intimidar a sus adversarios y algunas familias patricias. Con todas las cortesías y regalos otorgados a los invitados: eran parte del mismo interés obsequios a ser canjeados después por favores que no se podía negar así que detrás de la sonrisa del anfitrión y la de algunos invitados probablemente se escondía una intriga y un cálculo meticuloso no tan indescifrable para la época. La fiesta podría ser sin embargo una peligrosa emboscada: el magnicidio no se descartó y de ello hay evidencia los primeros dignatarios romanos solían sospechar inmediatamente de un posible envenenamiento cuando un invitado se enfermaba después de la fiesta un ejemplo notable es cuando el hijo del emperador Claudio murió al comer un plato de hongos después de una fiesta lo que hizo que las sospechas naturalmente sobre enero quién se beneficiaría más de la muerte del heredero de Claudio hay evidencia que sugiere que Nerón conocía del envenenamiento al llamar a los hongos la comida de los dioses por eso y con tal precedente asistir a una fiesta en el imperio romano era de sumo cuidado pues además de las miradas insidiosas también se debía siempre sospechar de lo que se comía y bebía aun así el principal objetivo de los banquetes y fiestas era la demostración de poder la política y la obtención de favores de la conspiración y el asesinato político, así que asistían catadores de comida ante la incesante sospecha de que cualquier bocado pudiera o no estar envenenado no era extraño que algunos invitados sobre todo los más poderosos llevaran consigo al banquete a un catador para que probara antes la comida y pese a que este trabajo pudiera parecer peligroso realmente no lo era tanto pues los atentados con envenenamiento de alimentos no ocurrían con frecuencia aquellos catadores de comida se llamaban gustadores a menudo esclavos. No descartaban un exquisito asesinato. Si mataron a Julio Cesar a plena luz del día en el Senado y quedaron mandando como si nada, no descartaban un cadaver exquisito después del bacanal... @petersbits
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