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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. IV) Control Imperial del comercio En el período republicano, viéndolo a primera vista; existía un gran control estatal al principio dominada por el ejército y funcionarios estatales donde la virtud de la austeridad y la humildad de los primero fundadores eran el eje dominante, pero transformándose todo eso en un Imperio se fueron poco a poco de vacaciones para no regresar jamás, donde llegaba el inocente que quería un poquito y viendo la buena fé, se trasformaba en el abusador, donde existían muchos inocentes, empezaron luego a llegar los vampiros cuyos colmillos fueron creciendo como siempre. Para comenzar todos los funcionarios y milicos que estaban le debían fidelidad a las familias patricias elites a muy bajo perfil; tenían un saludo de señas muy simulado para identificarse a que patricio ellos defendían para sus intereses; pero eso sí, sí les preguntaban; todos decían por fuera que se inmolaban por Roma. Llevaban la contabilidad comercial para garantizar el suministro (el sistema de annona ) y los egresos de inventarios; e incluso tenían una flota mercante estatal durante la República para el control de navíos y sus cargas, luego fueron reemplazando por el sistema de pago de subsidios ( vecturae ) para incentivar a los armadores privados cuyos dueños en la mayoría de los casos eran los patricios, (que al principio prestaban el dinero) quienes invertían en esas factorías. Había un funcionario específico encargado del suministro de cereales (el praefectus annonae ) que regulaba las distintas asociaciones de armadores ( collegia navicularii ), pero como siempre el contrabando hacia Roma era controlado por militares y a su vez por los patricios, que les daban beneficios muy apetecibles, era usando una oración de moda un “ganar- ganar”. El estado gravaba el movimiento de bienes entre provincias y también controlaba muchos mercados locales ( nundinae ), que a menudo se celebraban una vez a la semana, ya que el establecimiento de un mercado por parte de un gran terrateniente tenía que ser aprobado por el Senado o el emperador. El mayor gasto estatal fue para el ejército y las elites patricios, que requirió alrededor del 70% del presupuesto. El aparato estatal de impuestos para adquirir ingresos puede considerarse un éxito en el sentido de que, a pesar que cargaba a todo cristo mal parao, la prosperidad local y el crecimiento económico no se vieron obstaculizados indebidamente. La evidencia del control estatal y la corrupción solapada era muy compleja para la época y seguramente lo absorbieron de las culturas del Asia Central y del Mediterráneo: se puede ver en muchos productos que fueron sellados o portados con marcadores que indicaban su origen o fabricante y, en algunos casos, garantizaban su peso, pureza o autenticidad. La alfarería, ánforas, ladrillos, vidrio, lingotes de metal (importantes para la acuñación), tejas, mármol y barriles de madera solían estar estampados y los artículos generales para el transporte llevaban etiquetas de metal o sellos de plomo. Estas medidas ayudaron a controlar el comercio, proporcionar garantías de productos y prevenir el fraude de que no se les metiera alguien que no estaba invitado a ese “Mundo Exclusivo”. Las inscripciones en ánforas de aceite de oliva eran especialmente detalladas, ya que indicaban el peso de la embarcación vacía y del aceite añadido, el lugar de producción, el nombre del comerciante que las transportaba y los nombres y firmas de los funcionarios que realizaban estos controles. Una burocracia hermosa, que permitía pagarles a los funcionarios para hacer buenos negocios con sobre precio. De manera que, los patricios al final se comportaban como grandes capos en “sus territorios” que dominaban. NO contentos de todo esto que querían ser asesorados por varios expertos provenientes de Palestina, Siria o de Asia menor que eran los verdugos del comercio y de la incipiente “ingeniería financiera”; lo primero que hicieron fue buscar de desconectar más aún el control férreo del Estado en algunas área sin entrar en sospecha del asunto, (eso se descubrió al final cuando los barbaros tocaban las puertas de Roma) y fomentaron el desarrollo de una incipiente primitiva banca (con ese instinto vampírico por supuesto). Aunque la banca y el préstamo de dinero en general siguieron siendo un asunto local, existen registros de comerciantes que solicitaron un préstamo en un puerto y lo pagaron en otro una vez que los bienes fueron entregados y vendidos con intereses activos, así que tenían claro la diferencia de intereses pasivos y activos en cuanto préstamo de dinero y resguardo del mismo. También hay abundantes pruebas de una economía de libre comercio más allá de los límites del imperio e independiente de las ciudades más grandes y los campamentos del ejército. Así que al final les gustaba ese lubricante que los hacían felices esas familias y sus socios.

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