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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. LXIV) Vespasiano el Sabio Emperador desconocido Vespasiano después iniciada la campaña publicitaria a su figura, en paralelo estabilizaba el desmadre que había entre la aristocracia, las familias patricias, el senado con sus generales y milicianos, todo reflejado en una guerra civil, cohabitando entonces con la imposición del orden austera y la paz con una maniobra magistral: de pronto devolvió los poderes al senado que comían de su mano, dijo que volvía a casa y que todo se lo dejaba a su hijo, o lo que se viera entonces. Por supuesto, el senado, las familias patricias y toda la oligarquía que estaba empezando hacer dinero y toda Roma entera que andaba felices y convencido que éste era el hombre, dijeron que ni se le ocurriera eso, por Dios, que gracias a él todo andaba de maravillas. Que pidiera por esa boca lo que él quería. Así que a partir de ahí lo tuvo papita: la autopista libre sin control de velocidad. Su imagen salvadora que junto a su hijo que detuvo la irredenta Jerusalén y sus fanáticos religiosos más la imagen de hombre sobrio, practico, cumplidor, tacaño, trabajador, familiar, más bien soso, de costumbres moderadas, con gran sentido patriótico y del estado. Eso si trató desde el principio, comportarse como un ciudadano más, no como un jefe absoluto, aunque lo fuera. Y fue para ese instante que se necesitaba esa estabilidad que se convirtió en un tipo valioso. Su sistema administrativo rescató lo que necesitaba Roma: impuso nuevas formas de tributación, con ello construyó ciudades, carreteras y hermosos edificios, construyó Coliseos, Foros en la capital ya que se jactaba decir que encontró una Roma devastada por el incendio y la dejaba en blanco con mármol imponiendo otra vez la influencia ateniense a la romana y comprendiendo que la religión era una manera de atar en corto al populus, defendió y potenció aquélla, construyendo además uno de los más hermosos lugares de la ciudad: la restauración del templo de Júpiter Capitolino y el Templo de la Paz. Volvió a llenar las filas mermadas del Senado y otorgó derechos cívicos a muchas comunidades fuera de Italia, particularmente en España. Al igual que varios emperadores que lucharon por llegar al trono en lugar de heredarlo, Vespasiano mantuvo el sentido del humor sobre el cargo. Como era hombre culto, supongo que había leído las obras de Polibio que decía que Si fuera posible un estado que habitaran sólo personas inteligentes, la religión no sería necesaria, (lo que alguna vez fue Atenas). Pero la muchedumbre es voluble, manipulable que alberga las pasiones más estúpidas, por ello no le falta la razón y prefiere los impulsos violentos. La única solución es contenerla con elementos disuasivos a las cosas desconocidas, ya que el judaísmo Nazareno de Pedro y Pablo estaba galopando por Roma y ordenó que fuesen esclavos, ejecutados y perseguidos en todo el imperio; escondiéndose éstos en las llamadas catatumbas de Roma y en distintas partes del imperio. Así que se introdujo él y su familia Falvia en el mismo concepto. Comprendiendo, perspicaz, que una religión vinculada a lo oficial facilitaba las cosas y borraba ese judaísmo universal y se puso a ello, relacionando con gran habilidad el culto a los dioses con el culto al estado. Y claro, de ahí a trasladar ese culto a quien regía el estado, rendir culto al emperador Vespasiano y su hijo Tito, sólo mediaba un paso, que dio sin despeinarse. A partir de entonces, empezó la divinidad de Padre e hijo, cabeza militar, civil y religiosa de un extenso estado multicultural, la Roma se volvió la ciudad eterna, aglutinada bajo su imperium y gobernada con su personal y paterna bondad (Por un dios presente entre nosotros será tenido Augusto, escribió Horacio). Ese truco del mago con el sombreo, ya lo había ejecutado Augusto en una situación similar, entendiendo que el poder te hace Dios. O sea, el culto casi religioso, a un líder divinizado, que tanto éxito tendría en la historia, y que notables ejemplos serían imitables en estos veinte siglos después con nombres de grandes hijos de Puta como Iván el Terrible, Stalin, Mao Tsé-Tung ó Lenin. Pero volviendo al asunto; con el tiempo, todo el periodo del gobierno de Vespasiano y sus hijos fueron fraguando en instituciones sólidas y en el largo período de prosperidad fue dando continuidad a la llamada Pax romana, que gracias a ella la república no se fue a la mierda con estos con el circo de los 4 emperadores del año 69 y sus locos de carretera y que fue una lección aprendida. Esta consolidación del imperio contribuyó la política de los emperadores que sucedieron a Vespasiano que dejó sus arcas con un excedente de película, y a la que no fue ajena la extensión de la ciudadanía a provincias lejanas: a quien pagaba impuestos sin rechistar y ponía su lealtad a Roma, a sus dioses e instituciones, por encima de querencias locales. Además, asignó considerables subsidios a las artes. Quizás la reforma militar más importante que emprendió fue la extensión del reclutamiento de legiones exclusivamente de Italia a la Galia y España, en línea con la romanización de esas áreas. Y además, se continuó esa identidad que era importante para ser romano, que otorgaba igualdad de derechos sociales, políticos y fiscales, se transmitía de padres a hijos. Todo volvía lo que amaba el ciudadano: vivir, comer, tener su familia, crecer y ellos se reflejaba que crecía cada vez más la población del imperio que se fue aglutinando y fundiendo bajo la común etiqueta. Durante los tres y hasta cuatro siglos siguientes, pese que comenzaría su decadencia con, resquebrajamientos y sobresaltos que jalonarían la historia, millones de ciudadanos iban a pronunciar con orgullo la famosa frase Civis romanus sum es decir Soy Ciudadano Romano. @petersbits

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