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Sucesión Romana ascenso - apogeo - CAÍDA (Cap. XI) Las hordas bárbaras Al principio las inmigraciones eran controladas; había propiciado que tribus y poblaciones germánicas se habían convertido y otras cambiando gradualmente sus costumbres a la vida y estilo "romanizando" para sí mismos. Paradójicamente, el principio del fin del Imperio Romano fue en parte el resultado del re-set pacífico de los godos en los Balcanes, los barbaros de Sajonia, de los Galos del norte de Europa y de Anglia. Un detalle las operaciones de vigilancia no eran para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad a las fronteras. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción de un suicidio anunciado con traidores adentro. Cuando los hunos, una población nómada feroz cuya existencia nunca había sido registrada en la historia romana, empujaron a los godos asustados hacia el sur, la brecha existente entre la retórica humanitaria y la realidad política quebró con los planes de reflotar el proyecto. Así que el 376 después de Cristo, la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila y su combo de salvajes Hunos. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido y su proyecto de salvación estaba en construcción- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, cuando finalmente fueron escoltados a las áreas de reubicación por las guarniciones fronterizas, miles de godos que habían sido pasados por alto cruzaron el río clandestinamente aquellos refugiados con hambre, con pestes,, sin preparación y con mucha necesidad comprobaron la fría realidad que el imperio romano no era el paraíso que les contaron, que sus gobernantes eran débiles, corruptos y frustrados, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban para todos por igual. Así que dos años después de cruzar el Danubio, volvieron mierda (literal) toda Roma. Pero viajando un poco atrás, Flavio Valentiniano, un general dentro de lo que cabe brillante, se había convertido en emperador en el 364 y un mes después de su acceso al poder había designado a su hermano Flavio Valente como emperador del este, es decir el encargado de Roma, quedándose con la porción occidental para él la administración de Constantinopla. El problema de Valente fue que no era un militar, pero hizo todo lo posible para ganarse el favor de sus súbditos luchando contra la corrupción, reduciendo los impuestos, pacificando la región luchando contra la escasez construyendo nuevos caminos y tratando de mejorar la seguridad y construyendo un nuevo acueducto. Sin embargo, a la gente nunca le cayó bien, en parte porque era un fundamentalista religioso cuando los tonos conciliadores hubieran sido mucho más aconsejables. Valente además tuvo que enfrentarse a un usurpador, Procopio, que había tomado el control de Constantinopla mientras el ejército de Valente marchaba hacia el frente oriental. Acostumbrados tradicionalmente a conceder mucha más importancia a los linajes que a la legislación estatal, los godos como buenos salvajes revolucionarios respaldaron a Procopio porque era pariente de Constantino, emperador con el que habían firmado importantes acuerdos. Sin embargo, cuando llegaron los refuerzos godos de forma desordenada, sin ninguna preparación militar, la insurrección fue cortada de raíz y todos quedaron esclavizados. Valerio luego ordenó salvajes ataques de represalia que pusieron de rodillas a los godos en 369 pero no los exterminaron y aquí fue problema, paso el tiempo y los godos crecieron, perdieron el miedo y volvieron mierda a todos sin piedad. @petersbits

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