El Chocolate, el cacao y el encuentro de España con el Nuevo Mundo. La primera muestra de cacao que llegó a Europa vino de la mano de Cristóbal Colón, traído como un obsequio del Nuevo Mundo a los Reyes Católicos, proveniente de la Tierra de Gracia. Sin embargo no tuvo éxito por su sabor amargo y picante y por su aspecto sucio. Es probable que Hernán Cortés probara alguna de las bebidas a base de cacao que elaboraban los mayas y los aztecas, como bebida de los dioses. Así describió ese momento: «Cuando uno lo bebe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse». Así que Hernán Cortés se percató del alto valor que tenía el cacao para las cultura azteca y en 1528 decidió llevarse consigo a Las Españas un cargamento de cacao, para tratar de impulsar su consumo. La decisión resultó de lo más acertada. Fray Jerónimo de Aguilar, de la Orden del Cister, acompañó a Hernán Cortés en su viaje a México. Envió parte del cacao al Abad del Monasterio de Piedra, cuyos monjes procedieron en 1534 a elaborar la receta de chocolate a la taza, añadiendo vainilla, azúcar o canela, entre otros. El chocolate líquido que elaboraron por primera vez en Europa en el Monasterio de Piedra fue todo un éxito y rápidamente se introdujo en la Corte española, con leche, vainilla, azúcar, postres ( me imagino que alucinaron los monjes en esos laboratorios culinarios). Por su parte, ya en 1529 unas monjas en México habían dado con una receta similar a la de los monjes cistercienses, el Monasterio de Santa Catalina de Siena de Oaxaca en México. Lo demás es historia...
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