Acordaron la sesión para un viernes a las 7:30 pm. Marilyn llegó dos horas tarde. “Ella siempre aparece”, dijo tranquilizadoramente el agente de prensa de Marilyn, mientras el fotógrafo paseaba ansioso y seguía mirando el visor de su Hasselblad. Entró acompañada de una asistente de vestuario, pero ya no era la misma que él conoció. Era la otra Marilyn, la estrella, la que en vez de dar pasos flotaba, Kirkland la describe como un “estallido de belleza etérea”. Inmediatamente sirvió el champán helado, seleccionó un disco de Sinatra y puso la aguja en el vinilo. Marilyn, mientras tanto, entró al vestidor. #BeautifulWomen
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