Guerra del Peloponeso (epilogo) Atenas primero y última En el siglo V antes de Cristo en esos 50 años de paz entre guerras Atenas estaba borracha de tanta intelectualidad acumulada, belleza, alegria, lujos, un control ferreo de todas sus costas para sus ingresos fiscales pero en lo interno sus confederados vecinos estaban como unas bestias que aspiraban ese poder que envidiaban o que tenían algunas cuentas por cobrar. El oponente temible esta vez son los espartanos y su bi monarquía militarista. Después de años de lucha con una peste que devasto a Atenas, los atenienses quedaron agotados y les acumuló grandes pérdidas. Pericles “el individuo más brillante y genial que jamás hubiera liderado la democracia de Atenas: aristócrata de la más alta alcurnia, hijo de un victorioso general y héroe de la guerra contra los persas” y que bajo su liderazgo dirigió el esplendor de la época dorada de la civilización ateniense. Ese Pericles, el estadista más destacado de la época, se prepara para pronunciar su famosa oración fúnebre El propósito de la oración es honrar a los muertos en la guerra. Pero podría considerarse un elogio de la propia Atenas, colma de gloria a la ciudad por la que murió. «El secreto de la felicidad es la libertad y el secreto de la libertad es el valor». (Discurso fúnebre de Pericles, Tucídides, Guerra del Peloponeso II, 35-46) Escribe Temístocles, citando a Pericles: “Porque hemos obligado a todas las tierras y a todos los mares a abrir un camino para nuestro valor y hemos plantado en todas partes memoriales eternos de nuestra amistad y de nuestra enemistad. Tal es la ciudad por cuya causa estos hombres lucharon noblemente y murieron; no podían soportar la idea de que pudieran arrebatarla; y cada uno de nosotros que sobreviva deberíamos trabajar con gusto por ella ". Había algo demagogia con esas palabras, manipulación, sentimiento, sobre la ciudad, orgullo, amor, sus gentes, pertenencia que se fue y que más nunca volvió. La guerra civil entre esparta y los atenienses llamada la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) supuso treinta años de una extrema brutalidad, una destrucción sin frenos que mando al carajo esa nube luz de superioridad civilizada. Adiós al espíritu intelectual y político de Pericles, Sócrates y Esquilo. Todo se fue como una guerra mundial que convulsionó a todo a su alrededor y esa Grecia por esas cosas del destino abrió la puerta de, “un odio desenfrenado sin control” escribió Tucídides, soldado en el bando ateniense y principal cronista del conflicto. Esa violencia entre las dos confederaciones representadas en dos nacionalidades griegas, dos gentes con diferencia marcadas de ver la vida, dos tipos de gobiernos muy diferentes para ese entonces marcaron más aún ese distanciamiento irreconciliable: La democracia ateniense y la monarquía militarizada espartana, La violencia que siguió a la colisión entre los polos opuestos como eran Atenas y Esparta no tenía precedentes conocidos resultando en una escalada de atrocidades que incluyeron la mutilación y el asesinato de los enemigos capturados, arrojados a fosas donde morían de sed, hambre o congelación, o empujados al mar hasta que se ahogasen. Bandas de forajidos que ejecutaron a niños inocentes; incendiar ciudades, pueblos enteros; los hombres eran ejecutados, las mujeres y niños eran vendidos como esclavos toda esa primavera de orden se fue al carajo viejo y los filósofos e intelectuales fueron olvidados, había que matar por matar para ver quien era el más bárbaro de los barbaros. Los atenienses caerían ante los espartanos en el 404 a. C. Sus muros se harían pedazos. La democracia, a la que se atribuye a los atenienses como la primera en intentarlo, sería suspendida. Los espartanos, si lo hubieran deseado, podrían haber aplicado la ley de la guerra sobre el vencido: arrasar la ciudad, matando a los hombres, esclavizar y violar a sus mujeres y robarse todo el botín imperial. Pero Atenas muerta de hambre por el bloqueo de más de un año, les parecio tan bella a pesar de todos los destrozos que hicieron, que el general ordenó detener la ejecución citadina a tiempo... Más bien Atenas sufriría bajo el dominio tiránico de los "Treinta Tiranos" durante un tiempo. Pero finalmente se restauró la democracia. La vida siguió. Pero si la ciudad hubiera sido incendiada, los atenienses solo habrían tenido la culpa de su vano orgullo nacionalista ... Sin embargo ya nada será como antes allí, pero a los DIoses les quedaban una carta debajo de la manga. @petersbits
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