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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. LVIII) La división y quema de Jerusalén Durante el siglo I EC, Judea era una provincia romana insignificante situada en el borde del Imperio. Roma no parece haber creído que esta provincia tenía el potencial de inflamar el imperio y poner en peligro el dominio romano. El poder local en Judea se encomendó a gobernadores de rango ecuestre, la clase más baja de los funcionarios públicos romanos, a quienes no se les permitía comandar legiones romanas, señal segura de que la provincia no contaba mucho a los ojos de los romanos. Pero las comunidades representados por los rabinos judíos establecieron acuerdos con tales gobernadores en la que pagaban impuestos, mantuviesen apaciguados a sus pobladores a cambio de que les permitieran celebrar sus ceremonias y respetasen sus costumbres en el templo. El hecho es que las autoridades romanas continuaron permitiendo que multitudes de judíos se reunieran en Jerusalén para las tres Fiestas de Peregrinación (Pésaj, Shavuot y Sucot), indicando que no había temor a la rebelión. Además, los romanos no se opusieron a que la diáspora judía contribuyera con el impuesto de medio shéquel al templo de Jerusalén, y permitieron que las autoridades del templo acumularan una riqueza significativa, que se utilizó para fines locales. En resumen, Judea fue tratada como una pequeña provincia distante de interés limitado para los emperadores. El judaísmo se dividía en tres grandes grupos dentro de Judea, saduceos, fariseos y esenios y el problema dentro de la comunidad judía radicaba que había varios sub-grupos judíos que defendían su cerco en cuanto su óptica de la creencia de la Torah y como se debía enfocar; para el siglo I no existía iglesia cristiana: eran todos comunidades judías, arropadas bajo el Templo, los judíos nacionalistas que no creían en la llegada del Mesías, los judíos mesiánicos (nazarenos) siendo judíos asistían a las ceremonias como cualquier judío. Todos los nazarenos que después evolucionaron a cristianos fueron judíos y rezaban, oraban en el templo, es por eso que el concilio de Jerusalén fue un concilio judaico que se debatió el destino , de la religión judía, dichos grupos lo formaban: los primeros fundadores de la congregación, o eventualmente los mismos que realizaron la fundación de la comunidad, gentiles que hacía muchos años se habían convertido formalmente al judaísmo, en el caso de los hombres el corte del prepucio, circuncisión (que generaba un miedo entre los hombres por la alta probabilidad de generar una infección mortal), y en el caso de las mujeres con la inmersión desnudas ritual, los “Temerosos a Dios” que no se convertían formalmente al judaísmo, sino que se encontraban como simpatizantes. Estos no se circuncidaban ni en el caso de las mujeres realizaban la inmersión ritual. A estos grupos fueron atraídos por las ideas teológicas primero de parte de Pedro sobre la Resurrección del Mesías y luego el planteamiento muy inteligente de parte de Pablo sobre el judaísmo universal de la religión Judía aceptando a todos los gentiles, mezclándose con el pueblo judío e inutilizando el uso de la circuncisión, porque para Pablo y sus seguidores no era importante tal ceremonia sino la sanación del alma para ascender hacia el paraíso, siendo un judaísmo universal por la resurrección del Mesías y que se debía esperar en su segunda llegada vs. el judaísmo nacional que mantenía que no había llegado aún el Mesías. Toda esta masa crítica creo que el judaísmo alcanzó tal nivel de éxito en el siglo I, que la gran cantidad de amigos y simpatizantes del judaísmo, prosélitos y otros grupos gentiles creció de manera descontrolada y terminó con la base de la unidad judía, gracias en parte por la visión de Pablo y sus discípulos en la que el mesianismo universal, generó el ingreso de muchos gentiles a las sinagogas aprovechando que las sinagogas estaban dispersas en toda en todo el Imperio Romano, lo utilizaban como base para la enseñanza de la doctrina de la fe como si fueran una "especie de sucursales del Templo". Pablo comprendió y convenció a Pedro que ese universalismo debía llegar a Roma para centralizar y expandir el movimiento más allá de las fronteras, mejorado después por sus discípulos y más cuando llegado el momento el judaísmo universal nazareno evolucionó en el cristianismo que tocando a Roma será que a partir de mediados del siglo II, quien reemplace a Jerusalén como centro del movimiento mesiánico. Pero a los ojos de Roma, toda construcción de un Templo, la que no se permitía la entrada de gentiles romanos, que no adorase a los Dioses Romanos sino a un Dios monoteísta, sin permiso y sin reconocer los tributos a ser pagados al Imperio daba visos nacionalismo contra Roma en Judea, un Mesías era indudablemente un elemento nacionalista judío que amalgama una gran comunidad judía que estaba en contra de los fariseos, pero peor aún: para Roma existió desordenes en toda Judea entre todos los grupos que buscaba unos la creación de un Estado independiente y otros una universalización de un nuevo judaísmo: el judaísmo nazareno que no se podía permitirse. A partir de la destrucción del Gran Templo de Jerusalén en el año 70, los grupos minoritarios del judaísmo como los saduceos y esenios desaparecieron oficialmente de la historia, los judíos nazarenos fueron perseguidos, esclavizados, crucificados ó ejecutados y los fariseos fueron los que sobrevivieron después de la toma de Jerusalén sufriendo consecuancias similares. Para Roma toda esta trama era una locura sin fin incompresnsible. @petersbits

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