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Secuencia Inicial Del mito a la realidad (Tercera Parte) Es difícil imaginar cuán influyente fue la mitología griega en la Antigua Grecia. En nuestra propia sociedad occidental, existimos como una cacofonía de creencias; en esta, como en muchas otras culturas, se traza una marcada línea divisoria entre lo secular y lo religioso. En la Antigua Grecia no existía tal límite que trazar. Imagínese un mundo en el que cada montaña y cada arboleda de Grecia estuvieran llenos de las historias más fantásticas cantada por poetas, declamada en cada teatro que existía. Por ejemplo en el monte Ida, donde nació Zeus y que fue escodido por su madre Rea, de su padre Caníbal llamado el Dios Cronos. Al otro lado del Helesponto, Leandro intentó su desastroso nado. Alrededor del monte Citerón en Beocia, Acteón espió a Artemisa en un estado de desnudez y fue castigado por su transgresión (accidental). Los sitios de culto (santuarios, santuarios dentro de cuevas, etc.) existían alrededor en cada esquina y sobre cada colina, reforzando el territorio y permitiendo la interacción física con los mitos que albergaban. Hace unos 2.500 años, Herodoto, el llamado `` padre de la historia '', dejó en claro que las prácticas religiosas y los mitos compartidos unían las distintas ciudades del continente griego, contribuyendo a su identidad colectiva frente a la Invasión persa del 482 al 479 a. C. El mito era un aspecto vital de la identidad griega. Zeus no era una figura para ser reconocida como y cuando un adorador lo necesitaba, sino un elemento vivo que respiraba en tu ciudad, que respiraba por tu cuello mientras hacías juramentos, su dedo en el gatillo disparando su gran rayo era el elemento disuasivo. De manera que todos los dioses, empezando por Zeus, no eran buenos y virtuosos como se nos ha enseñado en la escuelita como unos tipos fuertes, perfectos, con grandes súper poderes fantásticos. Al contrario, eran unos fulanos tan humanos como los que adoran a los de ahora que los tienen santificados y que eran en realidad unos tipos con virtudes si, pero llenos de defectos señalados como unos adúlteros, vanidosos, lujuriosos, cínicos, envidiosos, violadores, pedófilos, incestuosos, coléricos, tramposos e impresentables. Eran en fin unos tipos que por hacer algo fuera de lo común que no se atrevía hacer cualquiera de los mortales eran catapultados en una campaña cultural, educativo y publicitario de cuatro cojones para coger palco para venerarlos como unos salvadores de otro planeta y que pagaban para que un grupo de locos tarifados los vieran adorar para llamar la atención, ese método no ha cambiado al día de hoy, hacen lo mismo con estrellados de regetoneros, rokeros (seres asexuales que después de viejos se transforman en doñas intragables), políticos, meretrices de actriz, futbolistas que son en realidad pedófilos, traficantes, asesinos, en pocas palabras unos verdaderos hijos de puta como aquellos Dioses de la mitología griega. Pero el pueblo se distrae en esas mariconadas mitológicas para olvidar lo miserable que son sus vidas y no les importa ser manipulados Pero así como los mitos dieron forma a la identidad, los que la sostienen y comen también podrían moldear a la leyenda. Después de todo, alguien necesita contar la historia con tintes mega dramáticos y aquí es donde los griegos se vuelven astutos y transmitieron ese arte hasta nuestra vida cotidiana. Así los griegos no se denominaban en el siglo VIII a.C. de esa manera: sino helenos, aqueos, argivos, y otros nombres del mismo calibre, y que esparramaban por todo el Mediterráneo invadiendo, saqueando, a lo bárbaro para poder vivir y darse unos gusticos. Con cuentos para justificar sus acciones y vivan tranquilo con todo ese teatro. Pero después de la Mega explosión nuclear en la isla de Santorini, cerca de Creta, que se llevó la leyenda de Atlantida y toda esa civilización tan avanzado expuesto recordado por Platón por los cuentos descritos por sus abuelos y que comenté en el anterior segmento. Como toda catástrofe de dimensiones inimaginables, mandó todo al barro del olvido en un periodo que se conoce como “La Edad Oscura” y como se imaginaran cambió todo y ocurrió de todo, hambre, revoluciones internas, se degollaban entre sí y ganaba el más fuerte, se violaban a diestra y siniestra y pal carajo con el más intelectualoide y poeta del momento, porque era el comienzo de la hora loca de la violencia desenfrenada y sin control, cambiando el panorama del Egeo que era como cambiarse de ropa todo los días. Eran esos días en que salías de tu terruño de cacería, al mediodía te secuestraban para venderte como esclavo en la tarde por el quinto carajo viejo y al amanecer degollabas a tus guardias medio dormidos para escaparte a tu casa asustado que no te capturen, robando en la siguiente comarca para llevar algo de comer a tu familia si es que lo conseguías vivos. Ni hablar de las incursiones por mar entre piratas, saqueos y coños que les encantaban tener mercancía sin joderse. A esos invasores los conocemos porque son los mismos que los de ahora, solo que en aquella época se empezaron aglutinar la inmigraciones como Pueblos de Mar trayendo como consecuencia tres grandes grupos étnicos que marcarían la historia de la futura Grecia y, de rebote, la de Europa y Occidente: los jonios, los dorios y los eolios (de allí vienen el nombre de las columnas dóricas, el mar Jónico o el viento como eólicos son ejemplos, son los nombres que provienen de ahí). Estos invasores se establecieron en las costas e islas del Egeo, formaron el primer mundo helénico claramente identificable, y sus tres lenguas se fusionaron por cuestiones y necesidades económicas y sociales en los principales dialectos del griego arcaico y clásico. Así volvió a empezar la historia de una Grecia que a partir del siglo VIII a. C. ya podemos considerar como tal, y de la que somos herederos gústenos o no nos guste pero fue así. @petersbits

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