Este cuadro de una joven que amamantaba a un anciano en una celda de la prisión, se vendió por 30 millones de euros la semana pasada, la pintura puede parecer perversa, pero la historia detrás de ésta imagen es de registros dramáticos e históricos. El pobre fue condenado a “muerte de hambre” por robar barras de panes durante el reinado de Luis XIV en Francia. La mujer era su única hija y la única visitante de su celda. Se le permitió visitarlo todos los días pero la registraron minuciosamente para que no llevara comida. Cuando después de 4 meses el hombre sobrevivía sin adelgazar, las autoridades se quedaron perplejas y empezaron a espiarla en la celda y para su total asombro la encontraron amamantando a su padre, compartiendo la leche de su bebé. Los jueces bajo presión de Roma, dándose cuenta de la compasión y el amor de la mujer por su padre, perdonaron al padre y lo liberaron. Y quizás por ello pintó Rubens esta dramática historia en al menos dos ocasiones: Era uno de los mejores pintores de Europa (también emisario, espía, creador del moderno mercado del arte y la cadena de montaje del arte, pero eso es otra historia…) y si algo le gustaba pintar eran generosas mujeres rebosantes de carnalidad.
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