Sucesión Romana ascenso - apogeo - CAÍDA (Cap. XXIII) El cristianismo como fortaleza del Imperio Se produjo una lucha entre los leales cristianos, los que buscaban un compromiso con los gobernantes paganos, y los fundamentalistas cristianos más próximos a la ortodoxia judía pero alejados de las sinagogas, ya que no estaban dispuestos a sacrificar su autonomía y ortodoxia en cambio los primeros buscaban un cambio de la integración social y una mayor influencia en la administración de los asuntos públicos. En el siglo III d.C., los leales cristianos obtuvieron una victoria sustancial: permearon en todos los extractos sociales de la sociedad romana. Los cristianos se convirtieron en la única organización poderosa, eficiente y cohesiva del imperio y un desafío constante para el liderazgo pagano. Eso agradó a las elites en cierta forma. Las autoridades pronto se dieron cuenta de que el tejido de la sociedad romana no podía ser purgado del cristianismo, ya que era una religión monoteísta muy parecida a la judía con la diferencia que no buscaba el colapso final de las instituciones romanas, más bien empoderaba por defender su familias, la sociedad y eso permeaba a Roma. Esta es la razón por la cual los emperadores romanos, comenzando con Constantino, llegaron a una serie de acuerdos con los leales cristianos, que finalmente llevaron a la fusión de "romanismo" y cristianismo en 391, cuando el cristianismo fue proclamado religión oficial del estado a cambio de su incondicional apoyo al sistema romano. Como consecuencia de la caída del Imperio Romano Occidental, la iglesia tomaría el relevo, el mando de la mayoría de las funciones seculares del estado. A finales del siglo IV, a pesar de todas sus debilidades, el imperio seguía siendo inmenso y se extendía desde Oriente Medio hasta Caledonia (la actual Escocia) y desde el norte de África hasta el Mar Negro, logrando una expansión del cristianismo cuya difusión no ha parado hasta el día de hoy. Si bien el centro de la Unión Europea actual es el Océano Atlántico, que presenta algunas de las rutas marítimas más transitadas del mundo, la economía romana giraba en torno a la cuenca del Mediterráneo. Los romanos nunca intentaron conquistar regiones que estuvieran demasiado alejadas del Mar Mediterráneo (Mare Nostrum) y el Mar Negro, con la única excepción de Gran Bretaña e Hispania, que eran ricas en yacimientos minerales. Por el contrario, los grandes ríos de Europa central (Rin, Danubio) que atraviesan el núcleo de la Unión Europea marcaron la frontera romana, el puesto de avanzada de la civilización. Los romanos habían creado una enorme red comercial en todo el Mediterráneo, plantando viñedos y olivares, construyendo villas, puertos y ciudades comerciales. Los barcos mercantes cruzaron el mar para abastecer a Roma, una megalópolis de más de un millón de habitantes. Eso es mucho decir para la época. @petersbits
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