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Sucesión Romana ascenso - APOGEO - caída (Cap. XVII) Cesarcidio. En esa fatídica mañana del 15 de marzo del año 44 aC iba a reunirse con el Senado para discutir la campaña que proyectaba César contra los partos en Oriente, es decir pretendía ir a la guerra en los Balcanes, a pesar del poder excepcional, los patricios no querían que se fuese, podría escaparse y no regresar jamás o si regresaba triunfal de otra campaña, sería imposible pararle el trote. Cicerón que públicamente declaró que había que matar a Cesar por el bien de la Republica contra la dictadura que imperaba, expresaba que era mejor que se “fuera a esa guerra que los Partos harían el trabajo y todos estaremos felices”. Los clanes no estaban de acuerdo; más bien querían demostrar quién manda en Roma... Antes de ir al matadero del Senado, Cesar despidió a sus escoltas personal hispánico que desconfiaban hasta de su sombra, se negaron en abandonarlo, hasta que Cesar les ordenó que fuese así. Su esposa Calpurnia, le decía que había soñado con su muerte y quepor favor no fuera al Senado. Al llegar, el profesor de griego Artemidoro entregó un manuscrito a César a la puerta del Senado en el que le advertían del complot, pero él lo guardó para más tarde sin mirarlo para no hacer esperar más a los senadores. En paralelo, Marco Antonio su lugarteniente de confianza al mando, un gigante fornido; se reunió con los conspiradores en un lugar apartado para dejar a Cesar abandonado en el matadero. La abismal diferencia entre 1 hombre débil y enfermo que les dio clemencia a sus enemigos, que sus autores intelectuales seguramente no estuvieron allí pero estaban sus delegados; Cesar sin los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia contra más de 60 “honorables senadores” entre malos, asesinos con la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto del senado como cómplices pasivos: la cobardía, el lavarse las manos, su indiferencia, como testigos del acoso pero dejando que las cosas siguieran su curso mientras como pirañas, acudieron a ver el olor de la sangre acuchillando eso sí pidiendo que abrieran la sala para huir sin mancha de sangre y contar a viva voz por toda la ciudad lo que vieron e hicieron, gritando inocencia a plena luz del día. Como siempre, como ocurre en todos los magnicidios como el ejecutado contra El zar Alejandro II de Rusia o A. Lincoln de EE.UU., aparecen en el funeral ante el cadáver exquisito los aristócratas, políticos, senadores abrazados entre lágrimas tal cual como las series de tv, un protocolo que siempre lo han cumplido al pie de la letra para la galería, pero ahora me imagino en este S. XXI; la cursilería sería aumentada: se toman fotos con los celulares con musiquita triste mientras envían mensajitos con hashtag de maricones, con muñequitos de peluche, velas encendidas, algunos mamarrachos tarifados o estúpidos de mala muerte gritando viva Cesar con flores y lágrimas por todos lados. La mierda humana inútil aumentada. Luego del desguace; Marco Antonio se reunió con los conspiradores en privado y obtuvo permiso del senado para que César tuviera un funeral público en el Foro. Había que tranquilizar al pueblo que quiere sangre y las elites habían decidido a quien iban a echar a los leones; si leemos el tercer acto de la tragedia Julio César introduce muy bien la comprensión lectora y la manipulación de las masas “con el sentido común” que queda embadurnado de un hermoso estiércol. Marco Antonio, hábilmente se desmarca, da entender que no tiene idea del complot: ensalza las virtudes de Cesar, con su llanto dramático y lágrimas re-sentidas; para infundir el mensaje que es el hijo prodigo que dolorosamente pierde a su padre trágicamente. El Marco Antonio de Shakespeare empieza su famoso discurso, aludiendo varias veces a Bruto y sus amigos acusándolos sin señalarlos del magnicidio como «hombres honrados» y que salieron del matadero con manchas de sangre. Y el pueblo que siempre es voluble, manipulable, entendieron después de la lectura del testamento de César, que incluía la donación de unos amplios jardines junto al Tíber al pueblo de Roma y un regalo en metálico a todos los ciudadanos ejecutado benevolentemente por Marco Antonio como el “buen” hijo político heredero. Con estas irónicas acciones: el regalo del desguazado post- mortem y con la indignación desmedida de lo que pasó, los autores intelectuales aristocráticos y demás familias patricias, pasaron lisos la prueba, la sentencia del pueblo había sido dictaminada: la parrilla se encendió y los culpables eran los que salieron ensangrentados del magnicidio, no les dieron chance de que hablaran quienes más estaban implicados, sus palabras olían a mentira, vieron que fueron traicionados por sus cómplices y prefirieron perderse, porque su defensa era una pérdida de tiempo. Con los culpables identificados públicamente, la plebe manipulada con la zanahoria se transformaron en leones heridos... El escenario estaba listo y la gente sin darse cuenta dieron ese golpe de Estado Maestro: Roma ya no era una República. Y sorprendentemente todos (familias patricias y los aristócratas) estaban de acuerdo con eso. @petersbits

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