Silencio —Lo qué pasa es que el silencio es eterno —dijo la voz—. La muerte es más irrelevante. Morir, verás, es una salida. El silencio por otro lado es un vacío eterno. Así que no, hijo, no te voy a matar. Estarás acá en silencio para siempre y llegará el día que te vuelvas completamente loco y sientas la muerte, pero créeme, estarás vivo. Cerró el candado de los grilletes de los tobillos. Le dio la espalda arrastrando su pesada capa. El calabozo olía mal. Era un olor que llegaba hasta el cerebro. Había ratas en las paredes esperando en la oscuridad. Sus ojos brillaban. Eran de alguna forma como estrellas en la noche. —¿Qué dices? —volteó el hombre—. Eso me pareció. Silencio. Silencio. Y sin más se fue. El joven de unos veintiún años, quedó desnudo con una correa a su cuello como un perro, grilletes en amos tobillos y muñecas. Todo eso anclado a las paredes. Su torso tenía una herida reciente que formaba un signo. Era un círculo con una especie de letra al interior, pero ninguna existente en ninguna lengua. Tenía músculos, sin embargo, no servían de nada. Su cabello era corto y dorado. Sus ojos de un azul profundo como el océano. Su cabeza tenía una trepanación que mantenía sangre reseca. Su rostro y cuerpo eran perfectos, esculpidos, armoniosos... Y su boca estaba sellada con alambre perforando de un extremo a otro del labio, como grapas. No podía emitir ningún sonido porque su lengua fue arrancada y sus cuerdas vocales destruidas. Era silencio eterno. Lo peor era que nunca moriría. El vampiro continuaría con la maldición de la inmortalidad por siglos y milenios.
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2 comments
Me encantó tu relato. Muy bueno
Muchísimas gracias ❤️