Un día se cansó de tanta charla, las voces en su cabeza asemejaban a varios ángeles y un par de demonios reunidos alrededor de ella... Realmente deseaba escucharlos a todos pero le aturdía, sabía que la situación se volvía insostenible, era algo que debía arreglar. Debe haber sido la urgencia de poder entender, la que generó ese grito final aquel día, y como una epifanía comprendió que ya no era posible continuar el camino intentando adivinar susurros, debía tomarse ese tiempo para escucharse de verdad, aún no entiende como logró hacerlo, pero cuál psicólogo se sentó frente a cada uno y, de a uno, los escucho... Estas voces en su cabeza, tantas formas diferentes de pensar, la timidez, la valentía, la osadía, el miedo, rencores, olvidos, marcas, el amor, lo renegado, el bien, el mal. Muchas veces solemos hablar de la importancia de quedarse solos un tiempo, de analizarnos y conocernos, de saber lo que nos gusta y lo que no, es el tiempo de encontrar un equilibrio, de darle a cada sentimiento el lugar que merece y de sanar aquello que debamos sanar. Decir que uno debe estar sólo un tiempo, no es un capricho, es una realidad, no puedes escucharte y conocerte cuando hay seres a tu alrededor que te condicionan, estar sólo tampoco significa ser ermitaño, ni aislarse del mundo, aunque si así lo deseas, también así, lo podrías hacer. Estar sólo, es sentar en frente a cada voz que nos susurra, y llegar a un acuerdo, darle a cada sentimiento el peso exacto, para así encontrar el equilibrio, que conformen la manera justa, en la que tu espíritu quiera vivir, es saberse libre, liviana, sin sentimientos ganadores... Es el fin de sentir que siempre lo das todo, el fin de creer que no vales nada, el fin de querer saltar y siempre tener miedo, el fin del silencio, el fin del grito, el fin de sentir rencor, el fin de sentir lástima y autocompasión, el fin del ego. Es reconocerse como un entero y entender que si no se encuentra el equilibrio interior, nada externo funcionará de acuerdo con nuestro propósito. Como si dentro hubiera varias personitas cada una con una intención y un deseo diferente, es nuestro deber escucharlas a todas y llegar a una mediación, saber que, hasta donde y cuando. Podemos ser de todas estas la que nosotros deseemos pero no sería justo callar a aquellas que quizás nos definen en verdad, elegir siempre la manera correcta de actuar, podría ser algo difícil, pero el margen de error disminuye de manera increíble cuando confías y pones toda tu buena voluntad, aprende a escucharte y a encontrar el equilibrio, a darle a cada sentimiento en lugar que merece, para así no alimentar a los demonios que a esta altura ya reconoces y sabes que habitan dentro de ti. Esto es parte del crecimiento personal de todo ser que busca vivir mejor, crecer, despertar. No se trata de callar siempre o gritar siempre, no es cuestión de amar sin condición, o vivir sin amor, en ocasiones los sentimientos son como si tuviesen vida propia nos manejan y nos hacen olvidar que el control es nuestro, una vez que entiendas y escuches, comprenderás que o funcionan todas juntas o nada funcionará.
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