Estacionar nuestro vehículo humano y surtirnos de ese combustible en la estación de servicio, pero en este caso el octanaje lo componen la serenidad, la buena vibra, la paciencia y la energía positiva, que fácil seria recomponernos y abastecernos de lo que nos hace falta hasta si es valido llevarme un galón de cada uno para mi casa para cuando lo necesite o me haga falta y poder administrarme una dosis de ese carburante tan exquisito, pero por los momentos nos quedamos con la ilustración imaginando que bueno que fuera verdad, pero no es tan fácil, cada persona tiene sus propios niveles, sus especificaciones, no todos los técnicos del alma nos arreglan nuestros fallos, así que hay que escoger un buen mecánico, el aditivo correcto para que nuestro funcionamiento sea perfecto. Deje ponerme mi braga y empecemos de una vez señorita; páseme el destornillador por favor para ajustarle la paciencia, subimos lentamente con el gato hidráulico la energía positiva, deje balancearle la serenidad y ajustamos este resorte para darle mas velocidad a la buena vibra, reajustamos el freno a la paciencia porque de vez en cuando hay que apretarla hasta el fondo y vamos a seguir con calma estos cables, que me le dan la fuerza a la energía positiva, ¿como quedo?, ¿cómo lo sientes?; perfecto; ahora a ponernos en marcha, con todo como nuevo, revisado y en sus optimas condiciones; a emprender este nuevo día, otra vez en la vía donde algunas veces nos toca empujar para surtirnos de ese nuevo combustible; yo por aquí a la orden, cualquier desperfecto no dude en buscarme mi estación de servicio siempre esta abierta exclusivamente para usted y nadie mas.
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Cuánta imaginación para describirnos la importancia de los mecánicos del alma. En ese grupo entran la familia, los amigos, los psicólogos y consejeros espirituales. Todos tan necesarios cuando nuestra maquinaria presenta fallos. Gracias por la nota, disfruté leerla.